Betsaida


Cierra Betsaida. Y a nosotros, sus alumnos y exalumnos, nos roban una parte de nuestra infancia. Betsaida era un lugar donde podías ser libre, ese paraíso de Nunca Jamás donde el tiempo se ha detenido y todos somos pequeños, sin problemas, sin agobios, sin precariedad laboral, sin hipotecas desorbitantes, sin inmigración ahogada en el Estrecho, sin loco mundo cruel y también maravilloso.

Betsaida era entrar cada mañana por su puerta de listones de madera verde –extinta desde hace años- y hacer fila educadamente en un, seguramente, pequeño patio que era en realidad un universo repleto de múltiples posibilidades, entre ellas, la más evidente: el campo de baloncesto de un colegio y club que además ha dado ídolos nacionales e internacionales. Betsaida era hablar de usted a los profesores, respetarlos como a un segundo padre o madre -¡ah, cómo se añora aquella época cuando la línea educativa existía y era la misma en casa y la escuela!-; era recorrer los estrechos pasillos idealmente en silencio y realmente felices; ascender ordenadamente las escaleras –no daban para más- hasta las aulas –encerado verde, tizas blancas y borrador al frente, viejo escritorio para el maestro o maestra y, en realidad, incomodísimos pupitres de madera con cajón y barra en medio que te separaba de tu compañero-. Pero, ¿saben?... ésa es mi infancia y para mí es perfecta. Mi infancia durante once largos años, mi base, mi estructura, mi raíz, parte innegable de mi esencia de ser.

El azar quiso que mi padre fuera maestro de esa escuela y, claro, una pasó muchas horas entre sus paredes, olfateando sus libros, saboreando sus rincones, deleitando el oído con los secretos de las viejas aulas y las desvencijadas sillas, degustando lentamente el tiempo con la intensidad con la que sólo puede disfrutarse en la infancia.

En Betsaida habitaban seres de una valía y una calidad humana incomparable, insólita en estos tiempos. La fundadora Maria Mateu, pedagoga de los pies a la cabeza, abanderada de la escuela creativa cuando eso sonaba a chino; el señor Saturn y sus sugus, fiel compañero y adlátere de Maria; los leoneses Santiago y Eliseo que dejaron la escuela hace años; el rebelde e incontestable M. A. Coque; las dulces Pilar Olivé y Lidia Fo; la maternal Rosario; el excéntrico profesor de música cuyo nombre no recuerdo, y aquellos quienes os sonarán a muchos de vosotros. Fátima, que nunca ha dejado de ser Campanilla y hacernos soñar; Dolores, que escondía una dulzura irresistible tras su natural autoritario; Maruja, férrea y tierna, yin y yang, completa; Mª Jesús y sus tablas de multiplicar, comprensiva; el bondadoso y permisivo Alberto, con sus pullovers de colores; Jesús, mi padre, maestro de toda una vida, bohemio y libre; Teresa, enérgica e inquebrantable; Rosa, joven y llena de vida, outsider; Tino, la única persona del mundo que puede hacer de las ciencias una diversión, un ejemplo de pedagogía desde el humor y el cariño. Y mi maestra Pilar, un símbolo, un mito, que en toda ella representa qué es Betsaida, una de las personas más exquisitas, honestas y maravillosas que conozco, un compendio de saber. Nuestra otra madre.

Y, claro, cómo puede una no llorar la pérdida de ese espacio, cómo no puede extenderlo -como lo hacía unas semanas antes Amanda Castells en Área Besòs- a que, con la desaparición de una escuela laica y concertada como ésa, con esa magnífica plantilla (donde después se añadieron Martina, Eva...) y ese bagaje cultural, profesional y personal a sus espaldas, se ponga punto y aparte a un modo de enseñar cercano, amable, docente, humano.

¿Saben? Betsaida y lo que en ella se cocinó durante años (desafortunadamente, la llegada de la familia Masó Bové abortó y dejó coja esa evolución) era creatividad, comunidad, esfuerzo colectivo, armonía, humanidad. Te enseñaba el valor de lo simple y cotidiano y también de los grandes ideales vitales, el valor de la Vida en su múltiple expresión. Betsaida eran las obras de teatro de navidad y sus ensayos previos, los festivales de fin de curso, la cena de octavo, el viaje a Ibiza, las convivencias, las excursiones, los carnavales, los días del libro... La apuesta por el trabajo en equipo y la cultura. Betsaida era un oasis educativo dentro del desierto opresivo de los curas y las monjas en los años setenta y ochenta y aún buena parte de los noventa. Un espacio donde la solidaridad estaba a la orden del día, donde el compañerismo era ejemplar (Fuenteovejuna, todos a una), donde el amor era palpable en cada rincón. Un espacio donde era más importante quien tú eras que lo que tú hacías. Y eso, en este mundo, es de agradecer infinitamente...

De aquí a poco, viviremos la crónica de una muerte anunciada.

Ahora todos somos un poquito más huérfanos.

Como consuelo -y también para tragarme la rabia-, parafraseando a Albernathy y su “se puede matar al que sueña, pero no su sueño”, afirmo que podrá desaparecer Betsaida pero su esencia pervivirá para siempre en los corazones de quienes nos hemos criado y crecido en ella.

3 comentarios:

Avittu dijo...

Hola Aranzazu, yo también fui alumno de la Betsaida hasta sexto de EGB, y comparto todo lo que has escrito, cuando cambié de escuela por cambiar de residencia no tenía absolutamente nada que ver. Actualmente soy profesor de primaria en la pública y la verdad que todo ha cambiado mucho. Es una pena que cierren la Betsaida, y no tenía noticia de ello. ¿Sabes por que la cierran?

aranzazu dijo...

Perdona el retraso, he estado ocupada. Te invito a que nos envíes un mail a jovaiganaralabetsaida@gmail.com, vamos a recoger recuerdos, fotos, experiencias, anécdotas...para entregárselas a los profes como homenaje de alumnos y exalumnos.
Aps! y la cierran porque sus infraestructuras no se adecúan a los parámetros exigidos por Ensenyament (ascensor, varias líneas por curso, patio de determinadas dimensiones, etc). Una verdadera lástima... Besos y hasta pronto! Esperamos tu correo

Unknown dijo...

Arantxa soy Carlos Montero. Acabo de leer todo esto, que pena lo del cole, la verdad es que casi ni me acordaba de el.... terrible, Rosa Diaz me ha enviado un mail y me ha pasado el link. Que bonito lo que escribes, Besos