viernes 3 de julio de 2009

El desarrollo espiritual. Ken Wilber

Existen cuatro estadios o fases del desarrollo espiritual, la creencia, la fe, la experiencia directa y la adaptación permanente; dicho de otro modo; uno puede creer en el Espíritu, uno puede tener fe en el Espíritu, uno puede experimentar directamente el Espíritu y uno puede devenir Espíritu. 1.La creencia es el primer (y, por consiguiente, el más común) de los estadios del desarrollo espiritual. La creencia requiere imágenes, símbolos y conceptos y, en consecuencia, suele originarse en el nivel mental. Pero el desarrollo de la mente atraviesa distintas fases -mágica, mítica, racional y visión-lógica-, cada una de las cuales sirve de fundamento a un tipo (y a un estadio) de creencia religiosa o espiritual.

El estadio de las creencias mágicas (ejemplificado por el vudú y los conjuros mágicos) es egocéntrico y se da tal fusión entre el sujeto y el objeto que aquél cree que la fuerza de su deseo puede llegar a operar sobre el mun­do físico y sobre los demás. La creencia mítica, por su parte, suele ser so­ciocéntrica y etnocéntrica, lo cual significa que diferentes grupos sostienen mitos diferentes habitualmente exclusivos (es decir, si uno cree, por ejem­plo, que Jesús es el salvador de la humanidad, no queda lugar alguno para Krishna), y proyecta sus intuiciones espirituales sobre uno o más dioses o diosas físicamente desencarnados que tienen el poder de influir sobre las ac­ciones humanas. La creencia racional, que constituye una decisión racio­nal, no representa a Dios o la Diosa de un modo antropomórfico, sino en tanto que el Fundamento Ultimo del Ser y, en ese sentido, desmitologiza la religión. Se trata de una modalidad que alcanza su cúspide en la creencia vi­sión-lógica y que explica el Fundamento del Ser en tanto que Gran Sistema Holístico, Gaia, la Divinidad, una especie de Eco-Espíritu, la «red-de-la­vida», etcétera, recurriendo a ciencias como la teoría sistémica.

Todas estas creencias mentales suelen ir acompañadas de sentimientos o sensaciones emocionales muy intensas que no necesariamente son experien­cias directas de las realidades espirituales supramentales. En ese sentido, se trata de diferentes modalidades de traslación que pueden ser abrazadas sin transformar en lo más mínimo el propio nivel de conciencia. Pero, cuando la traslación comienza a madurar y la emergencia directa de los dominios supe­riores comienza a presionar al yo, la creencia acaba desembocando en la fe.

2. La fe comienza allí donde la creencia pierde su poder. Porque el hecho es que llega un momento en que todas las creencias mentales -precisamen­te por el hecho de ser mentales y no supramentales o espirituales- pierden su fuerza, pierden su poder sobre la conciencia y comienzan a palidecer por­que, a fin de cuentas (por más que uno crea en el Espíritu como «red-de-la-­vida», por ejemplo), uno no deja de sentirse como un ego separado, aislado y lleno de miedos. De poco servirá, en tal caso, esforzarse en seguir creyen­do, porque la creencia habrá dejado ya de funcionar. Es entonces cuando va tornándose dolorosamente evidente que, si bien la mera creencia puede pro­porcionar algún sentido traslativo, no comporta, no obstante, la menor transformación verdadera. (Y las cosas pueden ser todavía peores en el caso de que uno sustente creencias mágicas o míticas, puesto que tales creencias no sólo no son transformadoras, sino que operan como una fuerza regresiva que aleja a la conciencia de los dominios transracionales.)

Pero también hay que decir que, detrás de la creencia mental en Gaia o en la «red-de-la-vida», suele ocultarse una auténtica intuición de los domi­nios espirituales y transmentales, es decir, una intuición de la Unidad de la Vida. Pero esa intuición no podría ser plenamente comprendida mientras nuestra conciencia permanezca atrapada en la creencia porque, en última instancia, todas las creencias, tanto las analíticas como las holísticas, son dualistas y sólo cobran sentido en presencia de sus opuestos. De lo que se trata no es tanto de pensar en la Totalidad como de devenir la Totalidad, algo que sólo podrá ocurrir cuando uno deje de aferrarse a creencias sobre la Totalidad. Las creencias no son más que un sustituto del alimento para el alma, calorías espiritualmente vacías que más pronto o más tarde dejarán de fascinarnos y develarán su verdadero rostro.

La fe suele ser el paso intermedio que nos permite dar el salto que con­duce desde la pérdida de la creencia hasta la experiencia directa. Quizás, por ejemplo, la creencia en la Unidad ya no ofrezca un gran consuelo, pero la persona todavía tiene fe en ella. Cuando las creencias se tornan insoste­nibles aparece la fe, la llamada débil pero clara de una realidad superior -el Espíritu, Dios, la Diosa, la Unidad, etcétera- que trasciende la creen­cia y se encuentra más allá de la mente. La fe constituye la puerta de acce­so a la experiencia inmediata de lo supramental y de lo transracional. En ausencia de creencias dogmáticas desaparece la convicción, y a falta toda­vía de experiencia directa, uno carece de toda certidumbre. La fe es, pues, una tierra de nadie -atestada de preguntas y de ninguna respuesta- que se caracteriza por la determinación (estimulada por una intuición oculta) a en­contrar nuestra auténtica morada espiritual en la experiencia directa.

3. La experiencia directa responde a todas las dudas inherentes a la fe. Se trata de un estadio caracterizado par la presencia de dos fases diferen­tes: Las «experiencias cumbre» y las «experiencias meseta».

Las experiencias cumbre suelen ser intensas, breves, espontáneas y su­mamente transformadoras. Las verdaderas «experiencias cumbre» nos per­miten vislumbrar nuestros potenciales transpersonales y supramentales más elevados. Existen varios tipos de «experiencias cumbre», entre las cuales cabe destacar las «experiencias cumbre» del nivel psíquico, propias del misticismo natural (el tipo de unidad característico del nivel ordinario), las «experiencias cumbre» del nivel sutil, propias del misticismo teísta (el tipo de unidad característico del nivel sutil), las «experiencias cumbre» del nivel causal, que nos permiten atisbar la Vacuidad (la unidad propia del ni­vel causal) y las «experiencias cumbre» no duales, que nos abren las puertas a Un Solo Sabor. Resulta evidente, como Roger Walsh ha señalado, que cuanto más elevado es el nivel de la experiencia, más infrecuente es. (Éste es el motivo por el cual la mayor parte de experiencias de 'consciencia cósmica' son las propias del misticismo natural (o unidad del nivel ordinario), el más bajo de los dominios místicos. Desafortunadamente, sin embargo, son muchas las personas que consideran equivocadamente que este nivel es Un Solo Sabor, una confusión que adquiere visos de epidemia entre los teóricos eco).

La mayor parte de las personas se hallan, comprensiblemente, en el estadio de la creencia o de la fe (y, ocasionalmente en el de la magia o del mito). De tanto en tanto, sin embargo, algunos individuos pueden tener una «experiencia cumbre» de un dominio realmente transpersonal que les sacuda muy profundamente (a menudo para mejor, aunque también hay decir que, en ocasiones, para peor). En cualquiera de los casos, sin embargo, ya no se trata de creencias que hayan leído en un libro o de meras habladurías traslativas, sino de una experiencia real de un dominio superior después de la cual el individuo ya no vuelve nunca a ser el mismo.

(Digamos, a modo de corta disgresión, que las consecuencias de este tipo de experiencia no siempre son positivas. Porque puede darse perfectamente el caso de que una persona que se halle en el nivel mítico literal-concreto, por ejemplo, tenga una 'experiencia cumbre' del nivel sutil que reactive sus mitos concretos y provoque la aparición de un fundamentalismo según el cual su dios mítico particular es el único que puede salvar al mundo, no dudando entonces en sacrificar los cuerpos de quienes se le opongan en aras de la supuesta salvación de su alma. También puede ocurrir, por ejemplo, que alguien que se halle en el nivel visión-lógico, tenga una experiencia cumbre» del nivel psíquico, en cuyo caso su nuevo eco-paradigma» se convierte en el único que puede salvar al planeta y tampoco dudará en imponer una suerte de ecofascismo para salvarle. Este tipo de fanatismo religioso (que constituye una confusa mezcolanza de verdades superiores con ilusiones inferiores) resulta casi imposible de desarticular. Es cierto que las «experiencias cumbre» nos permiten acceder provisionalmente a verdades superiores, pero también lo es que esa brevedad puede ir seguida de un retroceso a un nivel inferior y acabar sirviendo de justificación para las más espantosas creencias)

Pero si bien las «experiencias cumbre» son de poca duración -desde unos pocos minutos hasta unas pocas horas-, las experiencias meseta, por su parte, son más estables y duraderas y tienden a la adaptación permanente. Las «experiencias cumbre» suelen presentarse de manera espontánea pero, para convertir una experiencia cumbre en una experiencia meseta -para transformar un breve estado alterado en un rasgo duradero-, se requiere una práctica prolongada. Casi todo el mundo, en algún momento de su vida, puede tener una breve experiencia cumbre y sé incluso de algunos casos en os que, sin necesidad de práctica sostenida, ha terminado convirtiéndose en una experiencia meseta. Así pues, la creencia y la fe constituyen las modalidades de orientación espiritual prevalente, mientras que las «experiencias cumbre», por su parte (raras pero auténticas experiencias espirituales), sólo suelen darse en quienes están comprometidos con una práctica espiritual sostenida, intensa, prolongada y profunda.

Al igual que decíamos con respecto a las «experiencias cumbre», las «experiencias meseta» pueden darse en los dominios psíquico, sutil , causal y no dual. Veamos un ejemplo, tomado del zen, que abarca estos cuatro dominios. Es frecuente que quienes emprendan la práctica de la meditación zen comiencen contando respiraciones, de uno a diez y vuelta a empezar. Cuando el sujeto puede hacer eso durante media hora sin perder la cuenta, suele recibir un koan como el de mu, por ejemplo (que, por cierto, fue mi primer koan). Así, en los próximos tres o cuatro años, el sujeto se enfrasca durante varias horas al día en esta práctica, concentrándose de continuo en el sonido mu, al tiempo que se pregunta: ¿cuál es el significado de mu? o ¿quién está concentrándose en mu?. Durante ese estadio, el sujeto suele asistir a sesshnis de siete días de práctica muy intensa, en donde practica durante el día y la noche.

La primera experiencia meseta importante tiene lugar cuando el sujeto puede mantenerse de manera literalmente ininterrumpida en mu durante la mayor parte de las horas de vigilia, en cuyo caso mu pasa a convertirse en parte de su conciencia, hasta el punto de que bien podría decirse que uno se torna en mu, o dicho en otras palabras, que el Testigo se mantiene de manera constante durante el estado de vigilia ordinaria. Entonces es cuando se le dice que, para penetrar realmente en mu, debe trabajar también en ese koan durante el estado de sueño.

(Cuando escuché esto por vez primera creí que se trataba de un chiste, de ese tipo de bromas tan característicos de los ritos cuarteleros de iniciación machista, del tipo: '¡quien quiera formar parte del primer batallón de infantería deberá comerse tres serpientes vivas!'. Yo creía que estaban tratando de asustarme, cuando lo cierto es que simplemente estaban tratando de ayudarme.) Tras otros dos o tres años más de práctica, el sujeto logra mantener una concentración sutil en mu durante el estado de sueño, de modo que la conciencia testigo permanece también de manera constante durante el estado del sueño sutil (1)

El estado de sueño es sólo uno de los muchos tipos de fenómenos propios del reino sutil; el típico estado sutil es el savilkalpa samadhi, 'la absorción no dual en la forma' que nos permite permanecer abiertos al dominio sutil mientras despertamos. Según se dice, el estado de sueño es una subclase del nivel sutil en el que no hay fenómenos materiales ordinarios (sólo imágenes y formas). Es por ello que el hecho de entrar conscientemente en el sueño se ha comparado siempre al savikalpa samadhi, ya que ambos evidencia la presencia simultánea de ondas alfa (despertar) y de ondas beta (sueño). Además, el efecto de la evolución de la conciencia es semejante en ambos casos ya que, en cierto modo, uno objetiva el nivel sutil (viéndolo conscientemente como un objeto mientras despierta) y luego pierde su poder, lo trasciende y comienza a adentrarse en el dominio causal. El nirvikalpa samadhi es el estado típico de la consciencia causal, la cesación pura, sin forma y sin manifestación (un tipo de vacuidad) que nos permite adentrarnos en el dominio causal mientras estamos despiertos (nirvikalpa madura en jnana samadhi, la ausencia de forma radicalmente pura y, en algunas tradiciones, en nirodh, la extinción de todo tipo de objetos). Del mismo modo que el savikalpa y sueño diáfano son análogos, el hecho de mantener la consciencia durante el estado de sueño profundo sin sueños y el nirvikalpa son también análogos, porque tanto en uno como en otro, alfa (vigilia) y delta (lo sin forma) se hallan simultáneamente presentes, de modo que uno puede llevar la conciencia hasta el reino de lo sin forma y abrirse a los no dual. De este modo se trasciende lo causal y el nirvikalpa/jnana (gnosis) da lugar al sahaja, la omnipresencia espontánea de Un Solo Sabor.

Pero este proceso no debe pasar necesariamente por el sueño diáfano ni por el sueño diáfano con sueños, ya que el savikalpa samadhi y el nirvikalpa samadhi pueden ser alcanzados durante el estado de vigilia. Cuando el practicante logra una cierta competencia en el savikalpa, suele presentarse el sueño diáfano, precisamente porque ambos son análogos. Del mismo modo, el dominio del nirvikalpa suele verse acompañado del sueño diáfano y lo mismo suele ocurrir en sentido contrario, es decir, que el hecho de seguir meditando durante el estado de sueño y de sueño profundo constituye una forma muy eficaz de entrar en savikalpa y en nirvikalpa y también favorece la apertura a sahaja. No olvidemos que siempre se ha dicho que el yoga del sueño es uno de los métodos más eficaces para alcanzar una experiencia meseta en los dominios sutil y causal que abre la puerta a la adaptación estable (y por tanto a la trascendencia) de esos dominios.

A estas alturas, y en la medida en que el discípulo se aproxima al dominio causal no manifiesto (el nivel de la absorción pura), va acercándose también a esa explosión conocida con el nombre de satori, el descubrimiento del hielo congelado de la absorción causal pura en la Gran Liberación de Un Solo Sabor, una experiencia que también comienza como una experiencia cumbre que, con la práctica, acaba convirtiéndose en una experiencia meseta y finalmente en una adaptación permanente.(2)

Los tres o cuatro estadios diferentes de adaptación que conducen desde el nivel causal/nirvikalpa/nirvana hasta Un Solo Sabor son conocidos con el nombre de estadios postnirvánicos. Existen muchas versiones de estos estadios, pero todas ellas giran en torno a la conciencia constante o el acceso ininterrumpido a la conciencia testigo en los tres estados (primero en forma de experiencia meseta y luego como adaptación estable) que culminan en la desaparición del testigo en Un Solo Sabor no dual (primero en forma de experiencia cumbre, después como experiencia meseta y finalmente como adaptación estable.)

Una vez que se ha consolidado de manera estable la adaptación a Un Solo Sabor, se despliegan los estadios postiluminados. Según se dice, estos estadios concluyen en bhava samadhi, la traslación corporal completa de lo humano a lo divino o, en otras palabras, 'la extinción completa de todas las cosas en el dharmadtu' o, dicho de otro modo, el logro de un cuerpo de luz permanente. (Ver El Ojo del Espíritu para una discusión más detallada sobre los estadios evolutivos postnirvánicos y postiluminados.) Los estadios postnirvánicos (la esencia del Mahayana y del Vajrayana, que no solo abrazan lo sin forma (el nirvana) sino que lo integran con el mundo de la forma (el samsara) siempre ha tenido mucho sentido para mí y, basándome en mi propia experiencia, puedo certificar la realidad de la experiencia ininterrumpida de la conciencia constante y de Un Solo Sabor durante veinticuatro o incluso treinta y seis horas (y hasta, en una sola ocasión, durante once días y once noches). En ninguno de estos casos se trató de una adaptación permanente, pero conozco a varios maestros que, en mi opinión, están ahí y la literatura al respecto está llena de ejemplos a este respecto. Y si digo que los estadios postnirvánicos tienen sentido para mi es porque son, después de todo, simples estadios de adaptación de la no dualidad (los estadios de integración entre el nirvana y el samsara, entre el Espíritu y sus manifestaciones, entre la Vacuidad y la Forma.) Además, los resultados de las investigaciones electroencefalográficas realizadas en este sentido por Alexander y otros parecen corroborar su existencia.

Pero no puedo decir lo mismo de los estados postiluminados, que ni tienen mucho sentido, ni tampoco he conocido a nadie que plausiblemente se hallara en ellos. Se trata de estadios cuya descripción suele evocar vestigios de la visión mágica del mundo, porque se refieren a cuestiones tales como la transformación del cuerpo en luz, la capacidad de realizar milagros, etc., ninguno de los cuales dispone de evidencia creíble y reproducible. La 'extinción de todas las cosas en dharmadatu', por su parte, me parece indistinguible de jnana o nirodh o, dicho de otro modo, una regresión de Un Solo Sabor, no un desarrollo hacia él. Y entiéndase que con ello no estoy afirmando su inexistencia, sino tan solo que, comparados con los estadios de los que habla tradición (hasta llegar a los postnirvánicos que anteriormente he bosquejado), existen muchos menos datos sobre los estadios postiluminados, quizás porque son muy raros o tal vez porque realmente no existan.

4. El término adaptación se refiere simplemente al acceso constante y permanente a un determinado nivel de conciencia. La mayor parte de nosotros ya nos hemos adaptado (o, dicho de otro modo, ya hemos evolucionado) a la materia, el cuerpo y la mente (y por ello podemos acceder a esos niveles siempre que queramos). También hay personas que han tenido «experiencias cumbre» de los niveles transpersonales (psíquico, sutil, causal y no dual). Pero la práctica puede permitirnos evolucionar hasta las «experiencias meseta» de esos reinos superiores que, con la práctica, acaban convirtiéndose en adaptaciones permanentes que nos permiten acceder de manera constante a los niveles psíquico (misticismo natural), sutil (misticismo teista), causal (misticismo sin forma) y n dual (misticismo integral) de un modo tan habitual como hoy en día lo es, para la mayor parte de nosotros, el acceso a la materia, el cuerpo y la mente. Y esto se manifiesta de un modo palpable en la presencia de una conciencia constante (sahaja) que perdura a través de los tres estados de vigilia, sueño (savikalpa samadhi) y sueño sin sueños (nirvikalpa samadhi). Entonces resulta evidente porqué "lo que no está presente en estado de sueño profundo sin sueños no es real". Lo Real debe hallarse presente en los tres estadios, incluyendo el sueño profundo sin sueños, y la Conciencia pura es lo único que se halla presente en los tres. Este hecho resulta perfectamente evidente cuando uno descansa en tanto que conciencia pura, vacía y sin forma y "contempla" la aparición, permanencia y desaparición de los tres estados, mientras permanece como lo inamovible, lo Inmutable, lo No Nacido, liberado en la Vacuidad pura de la que emana toda Forma y en la Totalidad resplandeciente de Un Solo Sabor.

Estas son algunas de las fases por las que atraviesa el camino de adaptación a los niveles superiores de nuestra naturaleza espiritual: creencia (mágica, mítica, racional y holística); fe (que no es tanto una experiencia directa como una intuición de los dominios superiores); experiencia cumbre (de los niveles psíquico, sutil, causal y no dual, aunque no en un orden concreto, porque suelen tratarse de situaciones muy puntuales); experiencias meseta (de los niveles psíquico, sutil, causal y no dual, casi siempre en este orden, porque para alcanzar un determinado estadio suele ser necesario el estadio anterior) y adaptación permanente (a lo sutil, lo causal y lo no dual, también en ese orden y por la misma razón).

Concluiremos ahora subrayando varios puntos importantes:

Uno puede hallarse en un nivel relativamente elevado del desarrollo espiritual y permanecer todavía en un nivel relativamente bajo en otras líneas (el nivel psíquico profundo, por ejemplo, puede estar muy avanzado, mientras que el frontal permanece relativamente estancado). Todos conocemos a personas espiritualmente desarrolladas que, no obstante, son bastante inmaduras en el ámbito sexual, en el de la salud física, en la capacidad de establecer relaciones emocionalmente profundas, etcétera. De modo que el acceso constante a Un Solo Sabor no va necesariamente acompañado del desarrollo muscular, ni tampoco le proporcionará un nuevo trabajo, ni una pareja ni tampoco le curará de sus neurosis. Los contenidos profundos de la sombra no desaparecen con la meditación y el acceso a los estadios superiores de la práctica espiritual porque, contrariamente a lo que sostiene la creencia popular, la meditación no es una técnica de descubrimiento. Si lo fuera, la mayor parte de los maestros de meditación no necesitarían psicoterapia, cuando lo cierto es que la necesitan tanto como los demás. La meditación no apunta tanto a desvelar el material inconsciente reprimido como a posibilitar la emergencia de dominios más elevados, con lo cual los dominios inferiores siguen siéndolo y tal vez se hallen ahora aún más reprimidos.

No estaría, pues, de más combinar la práctica espiritual con una buena psicoterapia y lo mismo podríamos decir con respecto al ejercicio del cuerpo físico (incluyendo, por ejemplo, el levantamiento de pesas), el cuerpo pránico (t'ai chi chuan), el trabajo con el grupo o la comunidad, etcétera, etcétera. El único modo sano y equilibrado de proceder con el desarrollo superior consiste, obviamente, en emprender una práctica realmente integral.

Esto resulta especialmente importante porque la religión civil centrada en la persona (y el "paradigma 415") está fundamentalmente anclado en el estadio de la creencia holística. Para que la mayor parte de las personas vayan más allá de estas traducciones mentales es necesario emprender una auténtica práctica transformadora y la práctica integral es, muy probablemente, la más eficaz porque no solo subraya la transformación del yo, sino también del resto de los cuadrantes -en el Gran Tres del 'yo', el 'nosotros' y el 'ello'- prácticas transformadoras del yo, de las relaciones, de la comunidad y de la naturaleza, no sólo como un cambio en el tipo de creencia sino en el nivel de la conciencia.

Aunque haya señalado que el acceso a ciertos niveles requiere de cinco o seis años de dura práctica (y a otros todavía superiores un tiempo cinco veces superior) no se preocupe por ser solo un principiante. Emprenda la práctica, tenga en cuenta que cinco o seis años pasan en un abrir y cerrar de ojos ya que la recompensa bien merece la pena. Si durante ese tiempo, por otra parte, no hace más que escuchar a maestros que le hablan de creencias (ya sean mágicas, míticas, racionales u holísticas) sólo será cinco o seis años mayor. (Las creencias holísticas están muy bien -y son muy adecuadas- en el dominio mental, pero no olvide que la espiritualidad tiene que ver con el dominio transmental y que la traslación mental nunca le ayudará a trascender la mente, y la religión civil centrada en la persona tampoco le liberará de sí mismo.) Le recomiendo, pues, que asuma una práctica contemplativa, transpersonal y supramental. Poco importa lo dura que le parezca la práctica, simplemente empiece. Recuerde el viejo chiste: ¿Cómo puede uno comerse un elefante? de bocado a bocado.

El hecho es que, unos pocos bocados después, usted ya habrá logrado considerables beneficios. Tal vez pudiera empezar, por ejemplo, con veinte minutos al día con el tipo de oración de centramiento que enseña el padre Thomas Keating, una práctica cuyos efectos son casi inmediatos (serenidad, apertura, respeto, escucha, etcétera). Practique zikr durante una media hora, vipassana durante cuarenta minutos, ejercicios de yoga dos veces al día, visualización tántrica, oración del corazón o cuenteo de las respiraciones durante quince minutos cada mañana antes de levantarse de la cama. Cualquiera de estos abordajes es adecuado, el asunto es que organice su práctica del modo que más le guste, pero que no tarde en dar los primeros bocados...

Es cierto que tenemos que ser amables con nosotros mismos, pero no lo es menos que también debemos ser firmes. Deje de lado la "compasión idiota", trátese a sí mismo con auténtica compasión y comprométase seriamente con la práctica.

La permanencia en estas prácticas acabará evidenciándole la necesidad de asistir a un retiro intensivo de varios días al año, lo que le permitirá comenzar a convertir las pequeñas «experiencias cumbre» en las experiencias meseta iniciales de la práctica. los años pasarán, pero usted estará madurando e irá trascendiendo de un modo lento pero seguro los aspectos inferiores de sí mismo y abriéndose a los superiores. Entonces llegará un día en que mirará hacia atrás y se dará cuenta del sueño (porque realmente es un sueño) del que está a punto de despertar.

El asunto es muy sencillo: Si usted está interesado en una espiritualidad aunténticamente transformadora busque un maestro espiritual y comprométase con una práctica. Sin práctica jamás pasará de la fase de la creencia, de la fe o de las «experiencias cumbre» esporádicas, nunca evolucionará a las «experiencias meseta» y mucho menos a la adaptación permanente. En el mejor de los casos, será un visitante ocasional en el territorio de sus estados superiores, un turista en su verdadero Yo.

De Diario de Ken Wilber

Fuente transcripción

Holoarquía de los niveles de evolución de la conciencia



En cualquier época que consideremos existen ciertas personas que están por encima del promedio y otras que se hallan por debajo. El cuadrante inferior izquierdo se refiere simplemente al nivel promedio alcanzado en ese momento histórico.

Cada sociedad dispone de un determinado centro de gravedad, podríamos decir, en torno al cual gravitan la ética, las normas, las reglas y las instituciones básicas propias de esa cultura, un centro de gravedad que proporciona la cohesión cultural y la integración social características de esa sociedad concreta.

Ese centro de gravedad cultural actúa como una especie de imán sobre el desarrollo individual, de manera que si usted se halla por debajo del nivel promedio, el centro de gravedad tenderá a impulsarle hacia arriba, mientras que si, por el contrario, intenta elevarse por encima de él, tenderá a dificultar el ascenso. Tanto si se halla por debajo como si se halla por encima del promedio-, usted será un «marginado».

Los nueve niveles, o círculos, constitutivos de las estructuras básicas de la conciencia incluyen: sensaciones y percepciones (sensorio-físico), impulsos e imágenes (fantásmicoemocional), símbolos y conceptos (mente-rep, abreviatura de mente representacional), reglas concretas (mente regla/rol o mente «conop», abreviatura de mente operacional concreta), mente reflexivo-formal («formop»), visión-lógica (integradora) y luego los estadios superiores o transpersonales (psíquico, sutil y causal).

La metáfora de la escalera sirve para representar que los distintos componentes fundamentales de la conciencia emergen en estadios discretos y que, si usted destruye un peldaño inferior, todos los peldaños que se encuentran por encima de él se verán también dañados.

El yo, el escalador, posee determinadas características y capacidades concretas que son ajenas a la escalera.

La escalera carece fundamentalmente de yo, puesto que ninguno de sus peldaños posee una sensación de identidad inherente, pero el yo se apropia de esos peldaños, se identifica con ellosy genera, de ese modo, diferentes sensaciones de identidad, diferentes estadios del desarrollo del yo, hasta que finalmente -en un verdadero salto al vacío - deja completamente de lado la escalera...

En Psicología Integral he denominado a estos rasgos característicos del yo como identificación, organización, voluntad o atención, defensa, metabolismo y navegación. La «navegación», por ejemplo, se refiere a los cuatro impulsos característicos de todos los holones -incluido el holón del yo-: la individualidad, la comunión, la autotrascendencia y la autodisolución (regresión), cuatro alternativas entre las que puede elegir el yo en cada uno de los escalones del proceso de crecimiento y desarrollo.

Si algo va mal en cualquiera de los estadios del proceso de desarrollo evolutivo, ciertos aspectos del yo pueden verse dañados o «rechazados» (un «rechazo» al que se denomina represión, disociación o alienación). Y, en cada uno de los estadios, el yo puede experimentar un trauma que provoque una patología característica del estadio en el que tuvo lugar la lesión.

Estas estructuras básicas no sólo están en proceso de evolución y desarrollo sino que el yo debe negociar con ellas, debe ascender realmente cada uno de los escalones evolutivos de la expansión de la conciencia y que, en cualquiera de esos pasos, puede dar un traspiés y quedar malherido.

Un fulcro simplemente describe el importante proceso de diferenciación e integración que tiene lugar durante el crecimiento y el desarrollo del ser humano. Es una bifurcación que aparece en el camino evolutivo del yo y la forma en que el individuo lo gestione determinará su futuro.

La estructura propia de cada fulcro es trifásica. En la primera fase, el yo evoluciona, se desarrolla y asciende al nuevo nivel de conciencia y se identifica con él, es «uno» con ese nuevo nivel. En la segunda comienza a ir más allá de ese nivel, a diferenciarse de él, a desidentificarse de él y a trascenderlo. Y en la tercera, por último, se identifica con el nuevo nivel superior v termina asentándose en él. De este modo, el nuevo peldaño descansa sobre los anteriores, todos los fulcros tienen la misma estructura 1-2-3 (identificación, desidentificación e integración, fusión, diferenciación e integración, o inmersión, trascendencia e inclusión).

Y en el caso de que haya problemas en cualquiera de las tres fases de este proceso en alguno de los peldaños, usted se romperá una pierna o algo por el estilo y el tejido cicatrizal de esa herida llevará la impronta de la visión del mundo propia del momento en que tuvo lugar el trauma. Y, hablando en términos generales, cuanto más bajo es el escalón más grave la patología.

Cada uno de los peldaños del proceso de desarrollo evolutivo nos brinda una visión diferente del mundo (una visión diferente sobre uno mismo y sobre los demás). En cada uno de los peldaños del proceso evolutivo el mundo parece diferente porque ¡es, en realidad, diferente!

Cada uno de los peldaños nos proporciona un tipo diferente de sensación de identidad, un tipo diferente de necesidades del yo y un tipo diferente de actitud moral, aspectos distintivos, todos ellos, de los distintos mundos a los que se accede desde cada uno de los peldaños o dimensiones de la conciencia.

El yo propio de un determinado nivel tenderá a dar un 50% de sus respuestas desde ese nivel, otro 25% desde el nivel superior y el 25% restante desde el nivel inferior. Ningún yo, por decirlo de otro modo, se encuentra sencillamente ubicado «en un solo estadio». Además, existen todo tipo de regresiones, espirales, saltos provisionales hacia adelante, experiencias cumbre,etcétera.

Los estadios inferiores y más tempranos del desarrollo moral son egocéntricos, narcisistas y exclusivamente centrados en uno mismo, son estadios fundamentalmente impulsivos y hedonistas, los llamados estadios preconvencionales de Kohlberg. Los estadios intermedios, por su parte, son llamados convencionales porque, como ya hemos visto, tienden a ser muy conformistas (¡mi país, esté acertado o equivocado!). Los estadios superiores, por último son llamados postconvencionales (o espirituales) porque comienzan a trascender las actitudes convencionales o conformistas y se centran en el pluralismo universal y en los derechos del individuo.

Una persona pueden tener una experiencia espiritual -una experiencia cumbre- casi en cualquiera de los estadios de su proceso de desarrollo.

Los estadios del desarrollo realmente espirituales o transpersonales (el estadio 7 de Kohlberg y los estadios superiores) exigen del desarrollo previo de los estadios 6, 5, 4, 3, etcétera, cada uno de los cuales proporciona algo absolutamente esencial para que el estadio 7 pueda llegar a manifestarse. Y aunque una persona pueda tener una experiencia cumbre de una dimensión superior, su yo debe todavía crecer y desarrollarse lo suficiente como para poder asentarse de manera permanente en esas dimensiones superiores más profundas.

Citando a Aurobindo: «La evolución espiritual obedece la lógica del desarrollo sucesivo; sólo puede tener lugar un nuevo paso decisivo cuando los anteriores han sido debidamente conquistados. Y aun en el caso de que ciertos estadios menores puedan ser obviados por un ascenso brusco y rápido, la conciencia deberá volver atrás para asegurarse de que el sustrato omitido termina integrándose en la nueva condición; una mayor velocidad [de desarrollo, algo ciertamente posible] no elimina la existencia de los pasos mismos ni la necesidad de su superación sucesiva».

La mayor parte de los estados no egoicos constituyen una auténtica pesadilla preegoica, prerracional y prepersonal y que muchas de las teorías que apuestan por el no ego confunden el preego con el. transego, cayendo, en tal caso, en la falacia pre/trans y no alentando, pues, la trascendencia sino la regresión.

Esta visión ingenua que concibe a la transformación como un proceso de «un-solo-paso» está atada a una visión chata del mundo según la cual la «conciencia cósmica» supone el paso del molesto ego newtoniano al yo que propone la nueva física, a un yo sistémico que es uno con Gaia.

Pero las cosas, ciertamente, no son tan sencillas. No se pasa de bellota a bosque en un simple salto cuántico. Como evidencian los datos empíricos, fenomenológicos, interpretativos, contemplativos e interculturales, todo desarrollo -incluido el desarrollo humano- atraviesa una serie de estadios. Para llegar a ser uno con el bosque, en suma, es necesario haber pasado ya de bellota a roble.

La escalera puede extenderse más allá de la voluntad del yo de ascender por ella, es decir, que el desarrollo cognitivo constituye una condición necesaria, pero no suficiente, para el desarrollo moral.

Una cosa es vislumbrar una estructura superior y otra, completamente diferente, establecerse en ella!

Una persona puede acceder fugazmente a un peldaño muy elevado de la escalera, o del círculo, de la conciencia y negarse, sin embargo, a vivir desde ese nivel, en cuyo caso, su centro de gravedad permanecerá atado a los niveles inferiores.

Para vivir de acuerdo a las experiencias espirituales es necesario comprometerse con un camino de desarrollo que permita la expansión holoárquica hasta que el sujeto realmente se asiente en las dimensiones expandidas de la conciencia.

La existencia de una conciencia holoárquica implica que los estadios superiores pueden ser boicoteados por la represión de los estadios inferiores, es decir, por las guerras civiles internas. Si el yo reprime o disocia ciertos aspectos de sí mismo, dispondrá de menos potencial para la evolución y el desarrollo posterior, lo cual, más pronto o más tarde, abocará a un estancamiento del desarrollo. Estos pequeños yoes disociados -estos pequeños sujetos ocultos que permanecen aferrados a visiones inferiores del mundo- consumen una parte de su energía. Pero no sólo son ellos quienes consumen su energía sino que sus defensas contra ellos también consumen energía. Es necesario integrar a Freud con el Buda, integrar la «psicología profunda» inferior con «la psicología superior». Si usted no hace las paces con Freud será muy difícil que alcance al Buda.

La psicología «profunda» puede permitirnos recuperar los holones inferiores y reincorporarlos a la conciencia, liberándolos de su fijación y disociación y reintegrarlos así al proceso continuo de evolución de la conciencia.

Por último, cuando usted se desembarace de la escalera, caerá en la Vacuidad. Dentro y fuera, sujeto y objeto, pierden entonces todo su significado. Usted ya no estará «aquí» observando un mundo que se halle «ahí»; usted ya no estará contemplando el Kosmos sino que se habrá convertido en el Kosmos. En tal caso, el universo de Un Solo Sabor se muestra a sí mismo brillante y evidente, radiante y claro, sin exterior y sin interior, en un gesto interminable de gran perfección y espontaneidad. Entonces la chispa divina resplandecerá en cada visión y en cada sonido. Eso es usted. El sol ya no brillará sobre su cabeza sino dentro de ella y las galaxias aparecerán y se desvanecerán en el interior de su corazón. El tiempo y el espacio danzarán como imágenes deslumbrantes ante la presencia de la radiante Vacuidad y el universo entero perderá todo su peso. Usted podrá beberse la Vía Láctea de un trago, sostener a Gaia en la palma de la mano y bendecirla. Y todo eso resultará tan cotidiano que ni siquiera pensará en ello.

Ken Wilber en Breve historia de todas las cosas

El Espíritu. Ken Wilber


El Espíritu no es un estado alterado de conciencia ni un estado no ordinario de conciencia. Lo único que existe es el Espíritu y dentro de él se despliega el mundo, lo único que existe es Un Solo Sabor y de él emanan todas las diferencias. No existe ninguna alternativa al Espíritu porque el Espíritu es lo único que existe. Un Solo Sabor no va ni viene, está más allá del movimiento y de la inmovilidad, del cambio y de la quietud, de la actividad y el reposo. Mires hacia donde mires lo único que verás es Un Solo Sabor; permite que tu mente se expanda hasta los confines del universo y no encontrarás más que Un Solo Sabor, deja que tu conciencia se ensanche hasta el infinito y lo único que degustarás será Un Solo Sabor.

¿Dónde está, pues, este desconcertante Un Solo Sabor? ¿Quién está leyendo ahora esta página? ¿Quién está contemplando desde esos ojos? ¿Quién está escuchando desde esos oídos? ¿Quién está viendo el mundo ahora mismo? En éste, en éste y también en este instante, el Vidente, el Testigo omnipresente (que es su Yo inmediato) se halla al borde de la revelación no dual. Descansa en tu propio Yo, descansa en el Vidente de esta página, de esta habitación y del mundo; descansa en la inmensa Vacuidad en la que ahora mismo se origina el mundo entero... y ve si el mundo no es idéntico a ese Yo. En el mismo momento en que descanses en el Testigo, advertirás que la sensación de Testigo y la sensación del mundo son una y la misma (“Cuando escuché la campanilla, no existía yo ni tampoco campanilla, lo único que existía era el sonido”). En la sensación simple de la existencia, uno deviene el Mundo.

¡Mira! Eso es todo.

Poco importa lo efímera que sea originalmente esa sensación porque, una vez que degustes Un Solo Sabor, brotará, de las profundidades de tu ser, una motivación (denominada compasión) que te acompañará de un modo tan íntimo y continuo como tu respiración. Cuando hayas paladeado Un Solo Sabor y hayas visto el modo en que los problemas fundamentales de la existencia se desvanecen ante el resplandeciente sol de la evidencia, nunca más volverás a ser la misma persona. Entonces querrás, desde lo más profundo de tu ser, que los demás también puedan liberarse de la carga de los ensueños, de la agonía que acompaña a la sensación de identidad separada, de esa tortura llamada tiempo y de esa tragedia llamada espacio.

Poco importarán entonces las motivaciones secundarias que acechen tu camino, poco importará el enojo, la envidia, la vergüenza, la autocompasión, el orgullo y los prejuicios que te recuerden a diario lo mucho que te queda todavía por hacer porque, por debajo, por encima y alrededor de todo ello, el latido de la compasión seguirá retumbando, el clima de la atención impregnará todas tus actividades y te verás motivado, en el mejor sentido del término, por la promesa -hecha hace ya tanto tiempo que te olvidaste de ella- de escuchar esa llamada hasta que todas las almas se liberen en el océano del Infinito.

La compasión te mantendrá en el camino y te impulsará a trabajar cada vez más duro, hasta que las lágrimas empañen tu visión, hasta que tus manos sangren y entregues tu vida en el empeño. Y recuerda que, desde lo más profundo de su corazón, el Mundo está dándote ya las gracias por ello.

Ken Wilber en Diario


Esta conciencia presente, luminosa y nítida

en la que Forma y Vacuidad no son dos,

es la conciencia en la que los tres estados

[vigilia, sueño y sueño profundo]

se hallan espontáneamente presentes.

Practícala día y noche de continuo, hijo de mi corazón,

porque la no dualidad es la libertad natural

Tsogdruk Rangdrol

jueves 25 de junio de 2009

El Testigo. El Vidente

Trate de sentirse a sí mismo en este instante, trate de ser consciente de usted mismo y dése cuenta de que ese yo no es más que otro objeto de su conciencia. Este pequeño yo y el conjunto de pensamientos que desfilan ante usted se asemejan a las nubes que atraviesan el cielo. ¿Qué es el Yo real que está contemplando todo esto? Preste mucha atención y pregúntese ¿qué o quién soy Yo?

Cuando usted penetre en la Subjetividad pura, en el Vidente puro, descubrirá que no se trata de un objeto. Usted no puede verlo como objeto ¡porque no es un objeto! No es nada que usted pueda ver. Si logra permanecer sereno en esta conciencia observadora -contemplando el cuerpo, la mente y la naturaleza que le rodea- comenzará a darse cuenta de que está experimentando una sensación de libertad, de liberación, una sensación de no estar atado a ninguno de los objetos que desfilan frente a usted sino que simplemente reposa en esa inmensa libertad.

Ante usted desfilan las nubes, los pensamientos y las sensaciones corporales, pero usted no es nada de eso. Usted es el espacio abierto y libre a través del cual van y vienen todos esos objetos. Usted es una apertura, un claro, una Vacuidad, un espacio abierto en el que se desplazan todos esos objetos. Las nubes aparecen y terminan desvaneciéndose, las sensaciones aparecen y terminan desvaneciéndose, los pensamientos aparecen y terminan desvaneciéndose... y usted no es nada de eso. Usted es la amplia sensación de libertad, la Vacuidad abierta, la apertura de la que emanan las distintas manifestaciones, el espacio mismo en el que aparecen, perduran durante un tiempo y terminan desvaneciéndose.

De este modo, es como usted empieza a darse cuenta de que el Vidente que está presenciando todos esos objetos es una espaciosa Vacuidad. No es una cosa, un objeto, ni nada que usted pueda ver ni a lo que pueda aferrarse, sino una sensación de amplia Vacuidad totalmente ajena al mundo objetivo del tiempo, de los objetos, del estrés y del esfuerzo. El Testigo puro es una Vacuidad pura en la que todos los sujetos y objetos individuales aparecen, permanecen un tiempo y terminan desvaneciéndose.

¡De modo que el Testigo puro no es algo que usted pueda ver! Cualquier intento de ver el Testigo o de conocerlo como objeto no es más que aferrarse, buscar e identificarse con el tiempo. El Testigo no está fuera de aquí en la corriente, sino en la espaciosa sensación de libertad de la que todo emana. Usted no puede aferrarse a ello y decir ¡Ajá, ya lo veo! porque no es nada que pueda ser visto sino que, por el contrario, es el Vidente. Cuando usted descansa en el Testigo lo único que experimenta es una amplia Vacuidad, una vasta Libertad, la expansión, la apertura o el claro transparente del que emergen los pequeños sujetos y objetos que pueden ser vistos. Pero el Testigo, en cambio, no puede ser visto, el Testigo es la liberación última de todo aquello, una Libertad que no se halla atrapada en las confusiones, los miedos, los deseos o las expectativas.

Nosotros tendemos a identificarnos con estos pequeños sujetos y objetos individuales ¡y ése es precisamente el problema! Nosostros iddentificamos a Quien Ve con la menudencias pueden ser vistas y ése es el origen mismo de la esclavitud y la falta de libertad. Nosotros somos realmente una vasta sensación de Libertad pero nos identificamos con objetos y sujetos cautivos y limitados que pueden ser vistos, que sufren y que son ajenos a lo que somos.

Ken Wilber en Breve historia de todas las cosas

Texto enviado a Txefo por una amiga y facilitado por él.

Gracias a ambos!!!

"Ante tanto movimiento y revoltijo emocional, lo que yo hago, es intentar todo el tiempo que puedo, ESTAR PARA ADENTRO:

1- Ser lo más AUTÉNTICA que puedo conmigo misma y no traicionarme. Es con lo único real que cuento. CONMIGO MISMA. Y actuar desde mí en todo momento, observándome, conociendome.

2- Aceptar lo que hay. TAL CUAL ES. Bendiciendo incluso la frustración y acariciándome ante un error que puedo reparar.
3- Vivir en el PRESENTE INMEDIATO, evitando los "castillos en el aire" y despidiendo el pasado doloroso, que se instala, negándome lo nuevo y la FELICIDAD que merezco.
4- OBSERVADOR TESTIGO. Bendita conciencia que me acompañas sin retorno desde que te instalaste en mi consciencia.
5- ELEVAR LA VIBRACIÓN:
* Con la alegría y la creatividad.
* Regalar y regalar todo lo que puedo, cooperando con todo ser humano que me saluda en el camino.
* Manifestar AMOR del bueno, verbalizándolo, cantando, abrazando y diciendo "te quiero" sin vergüenza de que se malinterpreten como "cuelgue" o "dependencia emocional". Yo sé que ya no lo es.
6- ESTAR EN PAZ: Partiendo sola a la naturaleza y abrazando a la MADRE TIERRA. Conectar con la armonía del universo.
7- SABER QUE SOY ESPÍRITU aunque me vista con mi personalidad y mis juegos egoicos.
8- NO REACCIONAR, NI ENTRAR EN BAJAS VIBRACIONES, DE CRITIQUEOS BARATOS, que reflejan los miedos e inseguridades saboteadoras, que alimentan a los "voladores" y a los "depredadores de la conciencia".
9- SER FELIZ Y DEJAR A LOS DEMÁS QUE LO SEAN. Porque cuanto más feliz sean los demás más lo seré yo tambien.

martes 23 de junio de 2009

Querido señor presidente...



Cortesía de Montse. Gracias, guapa ;p

lunes 22 de junio de 2009

Las grandes almas nunca mueren



Fundación Vicente Ferrer