Eso IV

A veces me siento indigna de Tu Amor.
Y lloro porque me has elegido para mostrarTeMe.
En realidad, sé que no es una elección.
Tú amas a todos por igual.
Es Tu condición incondicional.
Pero pocos saben sentir Tu Amor.
Tu Amor es tan inconmensurable, tan único,
te hace sentir tan especial, tan amada,
tan protegida.
Es Tu Amor.
El Amor de Dios.
Cuando creo que no te he honrado lo suficiente (y no me he acordado de ti, no te he agradecido, no he sido una digna hija y merecedora de Tu Amor), apareces Tú, Maravilloso, Cautivante, Deslumbrador, dejando caer a tu paso los tristes barrotes de mi corazón, la tan humana e innecesaria coraza que me coloco
para no abrirme a Tu Gloria, creyendo, pobra ingenua, que me protege. ¿De qué?
Tu Amor es el mayor de los Dones,

el mejor de los Regalos,
la Dicha más grata de la Existencia.
Cálidas lágrimas resbalan por mis mejillas,
lágrimas de impotencia por no saber
(o creer no saber)
corresponderte como mereces.
¿Qué quieres de mí, Dios?
Y, ¿por qué lo pregunto si lo sé?
No quieres nada,
sólo anhelas Mi Felicidad -la de Todos-,
que yo sea Yo completa, dichosa, íntegra.
Por eso ahora estás más presente que nunca, ahora que yo entiendo que no soy una dualidad residente en un extremo de la balanza, sino el aleph del círculo, transeunte de la existencia, de sus múltiples manifestaciones, la expresión del Todo Que Soy, del Uno Que Soy, diosa y diabla, sagrada y pagana, virgen y puta, sol y luna, luz y sombra.
Y todo gracias a Tu amor, a Tu Llegada.
Bievenid@ seas eternamente a mi existencia.

Bienaventurada Yo por recibir Tu Amor.

Bienaventurado el Mundo por acogerte en su seno.

Venturosas lágrimas de felicidad recorren mis mejillas

y dulces mis palabras se transforman en semillas
que abonan el fértil campo de mi amor por Ti,
mi admiración y mi deseo de honrarte.
Grande, Inmensurable, Único, Yo.

Eternamente Tuya.

Instantemente Una.

Contigo.

1 comentario:

Adonai dijo...

¿Qué más se puede decir?
Bendita seas... y Así sea...