A ti, amor :)



Porque tus ojos son, y siempre han sido,
la luz amarilla y verde que me saluda cada mañana.
Porque tu sonrisa, franca, abierta, de dentro,
es un regalo para mis ojos.
Porque tu rostro es bello y moreno,
de la tierra, de madera y fuego.
Porque llevas en la sangre la fuerza inmanente de la vida.
Porque tu corazón es sincero, rojo, naranja y amarillo.
Y tu alma es etérea, verde, turquesa y violeta.
Porque tu piel es un sinsentido que me embriaga y me embelesa.
Porque eres fruto de madre inmemorial y eterna
y llevas los secretos de la tierra en tu vientre
y el ímpetu de evolución cabalgando por tus venas.
Porque tu cuerpo, cada vez más hermoso,
es un ignoto continente de besos y caricias.
Tengo que amarte, amor,
aunque a veces no quiera,
tengo que amarte, amor,
aunque a veces me duela.
Pues tras ese dolor está la vida;
detrás de la lucha, el paraíso,
más allá de la guerra, está el olvido.
Y en él nace lo nuevo y se reinventa.
Tengo que amarte, amor,
hijo de Marte,
guerrero luminoso y fresco en la mañana,
bondadoso luchador de la esperanza,
verdadero como la vida,
auténtico ser puro de mis sueños,
libre como el aire,
libre como el viento,
ardiente sol que me ilumina y me hace creativa,
libre como ese amor que me das,
sin demandas, sin lamentos,
amor que me enriquece
y me hace tuya,
sólo de ti.
Por siempre.
Porque tu aliento me ayuda a comprender el infinito
y a bajar y a encontrarte
donde siempre me esperas.
Porque sueltas y me entregas mi rienda
para que cabalgue, vuele y vuelva.
Y entonces todo está bien y es sencillo,
porque el valor simple y puro de las cosas
me lo enseñas a diario.
Son tu ejemplo y acción tus mejores argumentos.
Y me unes a la tierra y a sus ritmos,
en una danza cósmica y terrena,
de cadencia única e innombrable.
Una danza donde cuerpos y almas
devienen sólo uno
y el milagro de la vida se manifiesta en nosotros.
Porque este amor inabarcable que me brindas
me contiene por entero y me relaja.
Me suelta, me confía, me hace ceder
y entregarme a la vida y a los seres.
En tus brazos, hay sosiego y paz,
protección, seguridad, consuelo,
ternura infinita de tus manos,
sostén de mis desvelos,
esos brazos fuertes y tiernos que me sostienen y abrazan,
ese noble corazón que me mira y, a través de los ojos, habla...
y todo es ya posible,
todo es ya en calma,
porque me siento plena
y porque me siento amada.

Una historia de amor




Brahman imperecedero, en una dimensión más allá del tiempo y el espacio, atemporal, aespacial, aperspectival, sujeto incognoscible e inobjetivable, autoconsciente, sujeto puro, no dual, se aburre en su inmensidad, en su profunda e insondable soledad, siempre él mismo y replegándose sobre sí mismo. Y desea a otro. Desea compartir.

Así, en un profundo acto de amor y sacrificio, el Uno se multiplica y se manifiesta en los Muchos, aún a riesgo de saber que eso significa el nacimiento de los opuestos y de la dualidad; y , por ende, del sufrimiento y asume que así sea y lo sostiene. Y el Uno crea un tablero de juego de caótica e inconexa apariencia, donde los Muchos olvidan que son Uno y el juego consiste en recordarlo para seguir jugando, ya conscientes, en un nuevo tablero cocreativo.

Cuando se recorre el camino de ida, el camino que conduce al reconocimiento del Uno, ascendente a través de la autoindagación, se arriba a la conclusión de que somos el Uno y de que ésta es nuestra más íntima y verdadera naturaleza.
Pero después hay que seguir. Porque el Uno sigue aburrido en su inmensa vacuidad, vacuidad estéril sino nos damos la oportunidad de creatividad, fecundidad y multiplicidad, sino nos brindamos la gloria de continuar con la manifestación, ahora ya conscientes de ella.
En el camino de vuelta, descendente a través del amor y la compasión, el Uno se solaza en una nueva multiplicidad creativa, original, consciente, responsable, ética, atendiendo a sus profundos anhelos ya conocidos. Y todo cobra sentido y todo se comprende interrelacionado. El tablero ya no es caótico ni inconexo sino que en él reposan profundos e intensos lazos que nos unen, pues el Uno es los Muchos y los Muchos el Uno. Y se descubre que el Uno no dejó de jugar en la primera parte, ni en realidad desea vivir de nuevo en su imperturbabilidad, sino que en esta nueva etapa ofrece la posibilidad de reconocernos a través del amor (amor entendido como cualquier tipo de relación).
El amor es el instrumento que utiliza la Conciencia Única para recordarnos constantemente su presencia en nosotros y el otro. El amor es la herramienta efectiva mediante la cual el Uno que habita en mí o en el Otro es reconocido y nutrido por el Uno que habita en el Otro o en mí, con la esperanza de que todos los Unos que habitan en los Muchos recuerden su naturaleza y la experimenten.
El amor es saber que ése o ésa de ahí fuera soy yo. Y que en cualquier acto de amor sólo el Uno se ama a sí mismo, regocijándose y celebrando su reencuentro, en un absoluto e intenso acto de comunión..
¡Qué hermosa estrategia! Haber elegido el sufrimiento primero, padecerlo, consumirse en él, morir de dolor, morir por él... y luego, luego reconocer de golpe tu verdadera naturaleza unitaria y aún después volver y amar... Amar...
¡Qué enstática y extática recompensa! Dar, entregar, ofrecer en hermosa dádiva lo recibido...
Es indescriptible... Es inefable... Experiencia Pura.

Por eso el Amor es el hálito que une toda la red interdependiente de la vida, porque fue el amor y no otra cosa la que el Brahman imperecedero decidió que fuese el hilo dorado entretejido que nos mantuviera unidos y asegurara que todos los Muchos arribarían al Uno.
Y no sólo a nivel personal: en la manifestación, cualquier forma de vida se mueve hacia otra. En el camino descendente, nada existe por sí mismo. Todo es en relación a algo. Todo es intensamente relacional.
Es a través del amor que nos conectamos y nos enviamos esta información los unos a los otros. El amor en acción es lo que convierte la información en energía. En energía creadora, verdadera, bella y bondadosa. Amor a la Vida, a las gentes, a la Tierra, al Cielo, al Kosmos, a cualquier forma de existencia. Expansión y disolución de límites en la verdadera expresión del corazón, del corazón abarcante, que se fusiona con todo, pues es todo porque es Uno. El espacio infinito del corazón, donde todo es contenido, sostenido, abrazado y aceptado, pues es lo mismo; donde todas las galaxias nacen y mueren una y otra vez, una y otra vez, a cada segundo, en una constante creación, en este ahora infinito fuera del tiempo que es la experiencia fusionadora del amor.
Profunda comunión. Común unión. Sin tú ni yo. Con nosotros.
Es a través del amor que podemos mirarnos a los ojos y reconocernos: reconocer el Uno imperecedero que habita en ti y en mí. Es a través del amor que Dios se hace visible en el mundo. El amor es la pura celebración de la Vida y de Dios. El amor es lo Divino encarnado.
El amor es inmenso, tan inmenso que no tiene nombre.
El amor es lo más grande y lo más simple, lo más natural y espontáneo, lo más radical, lo más transformador, lo más satisfactorio, la recompensa después del sufrimiento y el sacrificio de la encarnación.
El amor es nuestro destino y nuestra gloria y nuestro profundo agradecimiento y complacencia.
El amor es la Gracia.
Las gracias y la compasión, la pasión de los Muchos en el Uno, la del Uno en los Muchos.
El amor es Dios.
Aquí y ahora.
Todo.
Por siempre, desde siempre y para siempre.
Siempre ya.

Sensación. Emoción. Pensamiento

Reflexiones tras el seminario de meditación y silencio compartido por mis compañeros de Sadhana en La Plana.


Dejar que la sensación sea, natural, espontánea, inmediata, neutra.
Las sensaciones son como nubes pasando por el cielo.
Sin valor, sin historia, tenues, sutiles, presentes.
Permitirles que pasen.
Evitar atraparlas y convertirlas en emoción.
Densificarlas relacionándolas con la historia personal.
Saldar cuentas pendientes con las sensaciones del presente.
Las sensaciones son ahora,las emociones forman parte del pasado.
Éstas últimas duermen en nuestro interior hasta que un nuevo estímulo las despierta.
Un estímulo, que no fue el creador de la primera sensación densificada en emoción, aparece.
Y se viene al presente y se trae todo su equipaje.
Su equipaje que no es de ahora y que no puede resolverse en el ahora.
Observar las sensaciones, sin valorarlas.
Es, ni más ni menos, en su justa medida. Sólo Es.
No hay nada más. El resto lo añades tú.
Tú, que en realidad ni eres.
Cuando convertimos las sensaciones en emociones y, no sólo contentos con sentirlas, además las racionalizamos y damos pábulo al discurso mental, la simple sensación, transmutada ya en emoción, pasa a ser un cul-de-sac. Un infinito, improductivo y estéril razonamiento que no conduce a ningún lado. Un explicarnos nuestra vida que nos aburre y aburre.
Sensación Es y Se Siente.
Emoción se confunde con el sentir porque lleva cargas que no le pertenecen.
Razonamiento se elabora.
Sólo la sensación, sin juicio ni valor, es real, es raíz; el resto es añadidura.
Evidentemente que en la vida necesitamos emoción y razón -y son mecanismos evolutivos muy útiles- pero en meditación sé, ni sientas ni elabores, porque estarás añadiendo algo que no está ahí per se.
Per se sólo hay sensación, un movimiento, primero, original, sostenible.
Sosténlo, observa y déjalo marchar.
Ésa es su función.
Evita atraparlo y empezar la rueda.
Manténte lo más cerca del centro, del eje, hasta que un día -o a ratos- puedas reposar en él.
Entrégate a la sensación en el momento de emerger y suéltala después. Está detrás de la emoción. No las confundas, es muy fácil, pero la sensación pasa delante de ti y la emoción proviene de ti, porque unes la sensación horizontal con el sentir vertical. Viene de ti porque trae la historia que has almacenado en tu interior. El día que las emociones están purificadas podrás unir horizontal y vertical pero, hasta entonces, quédate en lo horizontal y poco a poco inmérsate en lo vertical para purificar. En silencio, con la sensación de tiempo ampliado de la meditación, conoces el proceso de elaboración.
Sensación horizontal.
Emoción vertical.
Pensamiento circular sobre la base precedente.
Cuando sensación. emoción y pensamiento se unifican hay experiencia absoluta sin forma en el espacio.

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¡Cuánta carga del pasado colocamos en nuestras relaciones presentes!
Sin conciencia del momento actual y de las interacciones que suceden, contaminamos nuestras relaciones demandando aquello que no fue colmado en una etapa anterior.
Dejamos de ver al Otro como es, un profundo ser abierto al mundo en este instante.
Lo miramos pero no lo vemos.
Porque lo vemos desde nuestra carencia y no desde su plenitud.
Y no lo vemos desde su plenitud porque no estamos plenos.
Porque aún no hemos abrazado e integrado aquellas carencias que se quedaron insatisfechas.
Porque esa carencia fue enajenada y reprimida.
Y para seguir avanzando y creciendo en la relación y en la vida, debe ser integrada e incluida en un abrazo abarcante que permita trascender e incluir lo precedente.
Esa cuenta debe ser saldada por ti mismo, la única persona que hoy puede hacerse cargo de ello.
Por eso, si queremos mantener relaciones sanas, fértiles y creativas con el Otro, de adultos, la única manera de satisfacerlas es dártelas tú mismo.
Apelar a esos arquetipos internos y cuidarnos desde esa parte sabia y profunda de nosotros mismos.
De esta manera, iremos libres, sin equipajes, a entregarnos en una intensa relación con el Otro, una relación verdadera, única, creativa, donde dos seres escriben su historia libre de las cadenas anteriores.
Reconocer esas cadenas, identificarlas, acudir a su causa y raíz y sanarlas -generando ese arquetipo interno de sostenimiento y contención de ese ansia infinita de ser amado y reconocido- es el proceso para liberarnos del lastre y ofrecernos en hermosa dádiva al Otro, nosotros mismo aparentemente ahí fuera.

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A David (amor universal a través del amor personal):

Tú eres yo ahí fuera.
Y no estás fuera sino dentro.
Porque somos lo mismo y nos reconocemos.
Y es así de sencillo y natural.
Así de inmediato y absoluto.
Sin artificios, sin decorado.
Sólo así. Directo y simple.
Ahora.
Siempre ya.

Gotas


Somos gotas de un mar inconmensurable.

La sencillez de la gota es el espejo en el que reflejar la inmensidad del océano.

Un corazón abierto es la puerta al infinito.

Un alma en paz es el descanso expansivo del Espíritu.

Om shanti