De lo prepersonal a lo transpersonal

Te pido que te traslades a tu infancia. ¿Puedes verte? ¿Eres capaz de sentirte? ¿Qué haces? ¿Con qué sueñas? Si te sirve de algo, te diré que creo que la infancia es el paraíso, pero no perdido, sino todo lo contrario: el paraíso recuperable. De hecho, vienes al mundo sabiendo qué debes hacer pero, entre una cosa y otra, lo olvidas.

Cuando eres niño, eres omnipotente, ¿verdad? Estás tan próximo a tu origen que te sabes el dueño de tu propio destino, la pluma con que escribir tu historia. Cada día es una nueva aventura, es más, cada segundo es sentido como único e irrepetible y aprovechado hasta su última expresión.

¿Sabes que eres un gran experto en comunicación no verbal? Te reconoces con los ojos y hablas claro con la mente, pura e inocente, confiada y feliz. Percibes de inmediato las sensaciones que te provoca el entorno y muestras tu reacción ante cualquier estímulo de manera transparente y comprensible. Llenas tu vacío sensitivo viviendo, observando ávidamente tu alrededor y almacenando sensaciones que te permiten discriminar entre lo que te causa agrado o disgusto.

Tu comunicación oral es sencilla, de palabras directas y claras, contundentes y veraces, absolutamente sinceras. [¡Qué cierto es que los niños nunca mienten!] Eres conocedor del secreto primero, de la verdad certera y, en extensión, impensable. No tienes ninguna necesidad de ocultarla y la cantas al viento cuando la sientes ofendida. Te dejas guiar por tus instintos y eres honesto con tus deseos. Sabes que tu único destino es cumplirlos, abandonarte a la sensación de fluir que te embarga el alma, ceder a la vorágine de experiencias que percibes a tu alrededor.

¿Puedes sentir que tu patrimonio es el libre albedrío y la posibilidad de acción? Sabes que eres capaz de cuanto te propones, no existe límite alguno para tu capacidad de acción. Estás facultado para alcanzar lo que se te ocurra y tu expresión se traduce en desconocimiento del miedo y un valor desmedido. Eres imparable, perseverante, voluntarioso. Avanzas en pos de tus objetivos (de cualquier índole, desde correr tras una mariposa a montar un puzzle) con una firmeza y un coraje inéditos. Eres ordenado, eficaz y dispuesto. Nada se te antoja lo suficientemente grande como para abandonar. De manera intuitiva, sabes que lo que debes hacer en cada momento y cómo.

¿Eres capaz de visualizarte? ¿Puedes experimentar como sientes un torbellino tal de vitalidad en tu interior que te zambulles en el mar de la existencia sin pensarlo, relajadamente? Aunque no lo parezca, te confías a un orden superior, a un equilibrio cósmico de reciprocidad, al tiempo de que eres sabedor, pero no consciente, de la condición de valentía con la que has de insuflar a tus propósitos para su consecución. Eres naturalmente honesto con la vida y contigo mismo. Tienes presente tus limitaciones pero luchas a diario, sin tregua ni descanso, para alcanzar tus retos, porque tienes la certeza de que serás recompensado. Se puede decir que tienes una capacidad innata de disciplina interior, una justa balanza que sopesa tus ilusiones. Sientes la vida y te dejas atravesar por ella. No te preguntas el motivo de tu existencia. Eres y eso es lo que importa porque tienes y mantienes fe en tu destino; lo creas día a día, escuchando tus deseos y cuidando de conservar encendida la llama de la constancia. Te gusta mucho conocer, saber cosas nuevas, eres una esponja absorbiendo continuamente agua nueva que te va llenando la inmensa capacidad de esperanza, fe y amor que te caracteriza.

También sientes un máximo respeto por las demás formas de vida. Lo consideras algo natural y eres consciente del intrínseco equilibrio entre las diversas formas de vida, que para ti, son todas. Pasas largas horas contemplando la Naturaleza. Observas el comportamiento de los animales, y los sientes hermanos recónditos, de muy adentro, próximos. Te deleitas en la contemplación de las más diversas especies y de la variada belleza que les ha sido concedida. Admiras el reflejo luminoso y exacto del sol, sobre las hojas de ese árbol cuyas flores brotan antes que las del resto. Te permites ser invadida por el rumor del mar y el olor a sal, te meces en sus aguas para evocar el limbo, la paz, esa inmensa nada donde fluir sin descanso ni esfuerzo. Te embelesas ante las flores innumeras y percibes cada detalle de ese arco iris infinito como la paleta sublime del más alto pintor y la gama excelsa cuya visión da respuesta a todo. Escuchas el tintineo juguetón de un río y observas sus saltos de agua, sus requiebros, su lento e incesante fluir, sus constantes variaciones apenas perceptibles. Sientes la protección que te otorga la solemnidad de un bosque y corres entre sus árboles, te ocultas tras sus sombras. Abrazas la Naturaleza y te extasías en su percepción. Y lo más importante, haces todo esto de manera despreocupada, innata.

¿Sabes qué haces también? Te adentras en tu interior y lo encuentras claro, diáfano y nítido y ése es uno de los aspectos que también te permite aceptar la vida y amarla. No posees basura emocional, conflictos no resueltos, secretos inconfesables. No conoces los llamados bien y mal, pero algo ancestral te indica lo correcto. Y obras en consecuencia. Reconoces la ley tácita e instintiva: lo simple es patrimonio de lo auténtico. Por eso, eres capaz de crear armonía y equilibrio.

Y, ¿sabes? En realidad, nunca has dejado de ser ese niño, así que cada día es una nueva oportunidad de volver a sentirlo.

3 comentarios:

Désirée dijo...

Anoche aquella niña se acostó en mi regazo esperando mi cariño. Me sentí incómoda y torpe. Estuve tan ocupada pensando cómo debía sentir que no tuve tiempo para ver lo que sentía. Quizá mi temor de no sentir amor era infundado y lo habría encontrado en mi corazón si no hubiera temido tanto mirarme.

Un abrazo camarada.

Miguel Benavent de B. dijo...

Simplemente grandioso y veraz!

José Antonio Delgado dijo...

Hola:

Por casualidad he dado con tu blog y he leído este pequeño ensayito. Me ha resultado muy interesante, y sobre todo significativo, que hayas comenzado haciendo alusión al paraíso recuperable. Y eso, porque en mi libro, titulado El Retorno al paraíso perdido, es lo que expongo, precisamente.

Enhorabuena!

Saludos

José Antonio Delgado

http://psicologiaespiritualidad.blogspot.com/