Poemas... tras la lectura del eneagrama

I
Es la insensibilidad la que provoca mi búsqueda constante de intensidad.
Me siento tan poco, estoy tan desconectada de mí, sé tan poco sobre quién soy
que incesantemente voy hacia fuera saturándome de vivencias y experiencias estimulantes
que me recuerden que estoy viva.
¿En qué momento empezó mi insensibilización?
¿Era la única manera de sobrevivir en casa?
¿No sentir era la solución ante la inmensa pena, la infinita nada?
¿Por qué no quiero a nadie?: ¿porque no me quiero a mí?
¿Amo realmente?
¿Sé qué es amar?
¿O digo amor y no siento nada?


II
Escribo con rojo sangre sobre los restos yacientes de mi ser,
sobre las erradas estructuras, ídolos con pies de barro, que me sostienen.
Escribo con rojo sangre, intenso, fuerte, viril, insensible,
duro, inquebrantable y firme.
Un árbol tan sólido que se rompe al menor viento.
Escribo con rojo sangre y palpita indómito mi corazón
y llora mi alma y gime mi espíritu
que es una pequeña niña sensible
-ni firme, ni fuerte, ni dura-
sino suave, amorosa, dulce, maleable
como el junco que se dobla ante el huracán
y continúa enhiesto y se yergue tras la tormenta.
Y soy eso:
esa niña de grandes ojos abiertos ante el horror que tuvo que presenciar,
con la boca cerrada, los labios en un mohín,
apretando las mandíbulas y sienes para no llorar y derrumbarse,
para sostenerse en ese hogar de golpes y gritos.
Escribo con rojo sangre y galopa mi alma desbocada,
siendo quién soy, reconociendo mi herida,
lamiéndola y sanándola con amor,
con entrega, con paciencia y con ternura.

III
¿Cuál es el camino de vuelta a casa?
¿Por dónde discurre el sendero que te conduce a tu corazón?
¿En qué hito me hallo en el trayecto que transporta hasta mi alma?
Tal vez es éste el camino de vuelta a casa.
Este recogimiento de mis entrañas.
Estas incontenibles ganas de llorar.
Esta mano deslizándose presta sobre la hoja con la tinta rojo sangre,
dejando su impronta, sus recuerdos, sus eternos secretos inconfesables.
Quizás es éste el principio de mi sanación,
el reconocimiento de mi herida,
de cuanto daño creo y recreo para todos y para mí,
del dolor en su última esencia,
del sufrimiento en su instancia más pura.
[Todos temiendo mi violencia
sin ser yo consciente de causar tanto temor:
una verdadera tragedia, el mundo temiendo mi desproporcionada reacción]
Quiero recorrer el camino y llorar y encontrarme con mi alma,
dejar de negarme, de ni saber quién soy,
abandonar la voluntad de no saber, mi inconsciencia.
Es éste el origen de mi sanación,
es ésta la fuente de mi Vida,
es éste el retorno hacia mi Ser.

IV
A veces...
no sé quién soy,
no sé qué deseo,
no sé por qué hago lo que hago.
A veces...
actúo,
extrapolo,
me ofrezco,
me retiro,
pero desconozco mi motivación primera.
¿Vivir, no morir, no ser olvidada?
¿Dejar un recuerdo, un latido, una inocencia?
¿Sentir? ¿El qué?
A veces...
un claro de luz aparece entre las sombras,
mi indolencia me ciega y lo pierdo,
abandonando la constancia, la voluntad, el esfuerzo,
lo único que verdaderamente me saca de este infierno cotidiano.
A veces...
a veces viene Dios a visitarme y no sé si él es yo,
si yo soy él o es que somos lo mismo y lo único.
A veces...
la risa se confunde con el llanto,
el sol se transforma en noche,
la luna ciega mis pupilas
y, al fondo del pasillo, mi propia presencia
me mira desde el otro lado del espejo,
esperando que atraviese el mercurio de su vidrio
y me percate de que siempre fuimos una.

4 comentarios:

Bachatadharma dijo...

Hola Aranzazu!!
qué buenos los poemas!
Profundos. Estoy de acuerdo en que del malestar brota la semilla para la sanación. Sino por qué se vería uno impulsado a cambiar, sino por el dolor. Creo que es un camino hacia la liberación del dolor.
Como dice Gurdief: para vivir realmente debes renacer, para renacer morir y para morir despertar...
Creo que es el proceso del auténtico camino espiritual. Aunque de agradable no tenga nada, en un principio. Yo estoy en un momento de reflexión...será motivada por esta zozobra que ahora siento? Algo esá cambiando en mi...o será q yo quiero que cambie, o los dos a la vez...no lo sé muy bien. Pero lo siento, eso es lo importante para mi. Times are changing, decía tio Dylan.
Un abrazo y mucha luz

aranzazu dijo...

Gracias!!! y estoy contigo: la propia vida también nos pide un cambio, de ahí la aceptación del dolor como parte del proceso, en nombre de algo mucho más grande que tú mismo. En fin, que la luz nos guíe. Y que los compañeros del camino avancemos de la mano. Gracias!

Iraunsugue dijo...

Hola aranzazu soy iraunsugue, cambie de blog aquí te dejo la nueva direccion por si te paetece cambiarla.

Tus poemas, preciosos, profundos como siempre, los caminos de la vida son extraños, duros a veces, pero si seguimos a pesar de las ventiscas, las tromentas y las caidas, al fondo, encontraremos la paz y sobretodo la luz. Sigue brillando como brillas.

Un beso

Anónimo dijo...

De verdad que tus poemas Aranzazu me han dejado helada ya que en estos momentos yo estoy pasando este proceso de cambio en que ahora me pregunto ¿quien soy? ¿que siento? ¿a donde me lleva la vida? ¿Que es esa poca luz que veo pero que no encuentro?. Estoy contigo.