Re-nacimiento: la luz abriéndose camino de entre las sombras



Cada nuevo cumpleaños -el domingo fue mi trigésimo tercero- no es más de que un nuevo re-nacimiento y un nuevo descubrimiento.

Esta conmemoración -en medio de un seminario de meditación y silencio- me ha aportado comprensión y compasión... hacia mí misma.

Muchas veces -y ahora en plena crisis ecológica, tanto interna y externa, aún más- es más sencillo ir hacia afuera y volcarnos en la actividad del mundo. Sin embargo, como bien dicen las grandes tradiciones o grandes sabios -como el poeta Juan Ramon Jiménez- "... adonde has de ir es a ti sólo".

E ir hacia ti, inevitablemente, trae consigo el encuentro con aquello que no quieres ver de ti mismo y que evitas a toda costa. Ahí dentro hay mucho dolor, mucha tristeza, mucha culpa, mucho ninguneo, muy poco cariño, mucha desatención y muy poco hábito de amarse. Y, claro, desarticular eso, no ocurre de un día para otro.
No se trata de un simple acto de voluntad: ya no voy a hacerme daño. No, las estrategias del ego para mantenerte sin conocer tu luz son múltiples y complejas y cuando crees que lo has alcanzado por un lugar y desde allí puedes rebajar su influencia, sale por peteneras y se va por otro lado fortaleciéndose en la nueva actitud -aparentemente inocua, porque no tiene nada que ver con la anterior y,a veces, incluso es la opouesta-. Pero así es el ego, así somos y de ahí que nuestro trabajo haya de ser continuo, constante, diario y desapegado.

La cuestión es que hay mucho dolor de fondo, mucho sufrmiento, una gran herida que debe sanarse lentamente y con mucha pacienia y sin perder la fe en que de esa sombra emanará el ser de luz que somos.

No nos convertimos en seres iluminados visualizando figuras de luz sino siendo conscientes de nuestra sombra, dice Jung, y añado yo: el proceso pasa además por observar la luz que hay detrás de la sombra -la sombra es todo lo no visto: lo que no nos gusta pero también lo que queremos ser, auténticamente, nuestro anhelo más profundo- porque si no corremos el riesgo de quedarnos enredados en la oscuridad de la sombra irremisiblemente.

La sombra no es más que la proyección de nuestro ser atrapado por el ego, interpuesto entre la luz, nuestra originaria fuente de vida, y nosotros. La sombra no es más que lo que no hemos querido ver. Pero una vez vista, el siguiente paso es abrazarla, aceptarla y bucear en su interior, para encontrar sus tesoros. En su interior sólo hay luz, luz no reconocida.

Hay que desarrollar el coraje de descender a las simas de nuestro sufrimiento y observar los enjutos seres hechos un lío que allí descansan, totalmente anudados e inoperantes, replegados sobre sí mismos para huir del daño que de este modo se causan, guiñapos, andrajos -todo lo que despreciamos de nosotros mismos, todo lo que no aceptamos, todo lo que mantenemos fuera, al margen, porque no se corresponde con esa idea de magníficos, buenos, bondadosos, eficientes... que queremos mostrar para que el resto y la sociedad nos acepten; aspectos que son más fácil colocar en otros y creer que son ell@s quienes tienen esas actitudes que nos disgustan, cuando no podemos rechazar ni admirar nada que nosotr@s mism@s no tengamos-.

Y después de verla, necesitamos una doble dosis de coraje para empezar a amar inmensamente a esa figura -esa figura que es nosotros y la herida que nos inflingimos- y abrazarla, cuidarla, mecerla, besarla, protegerla, hacerla sentir bien, cuidada y reconocida, escuchada, no más ignorada ni ninguneada ni despreciada y... lentamente, ese disfraz caerá, esa sombra mostrará qué es en realidad: luz enquistada, luz no reconocida, luz benéfica y sanadora, luz que somos nosotros también. Y la luz se abrirá camino entre la sombra. La luz abandonará su traje de negritud y retorcimiento y mostrará quién está dentro, la luz emanará y se abrirá a lo que es: un ser de luz, informe, ser que con el cultivo, el amor y la alimentación de la práctica, la atención y la meditación puede crecer y crecer...


Ése es nuestro re-nacimiento. Éste es ahora mi proceso.

Mil besos a tod@s

2 comentarios:

Chencho dijo...

Las sombras dejan de serlo cuando llega la luz a ellas.
Animo y suerte.

aranzazu dijo...

Muchas gracias, Chencho. [Sabes? Mi abuelo paterno -que me ayudó a nacer y no tuve la fortuna de conocer- se llamaba así: qué gran mensaje]. Bss