Presenciar, el espíritu de la meditación. Osho



Meditación es aventura, la aventura más grande que pueda emprender la mente humana. Meditación es ser, simplemente, sin hacer nada -sin acción, sin pensamiento, sin emoción. Simplemente, eres y es un deleite puro. ¿De dónde viene este deleite cuando no estás haciendo nada?
No viene de ninguna parte, o viene de todas partes. Es sin causa, porque la existencia esta hecha de una sustancia llamada deleite.
Cuando no estás haciendo nada en absoluto -corporalmente, mentalmente, ni a ningún nivel, cuando paró toda actividad y solamente eres eso es meditación. No puedes hacerlo, no puedes practicarlo, solamente tienes que entenderlo.

Siempre que puedas encontrar un tiempo para ser, simplemente, deja el hacer. Pensar también es hacer, concentrarse también es hacer, contemplar también es hacer. Incluso si por un momento dejas de hacer y solamente te quedas en tu centro, totalmente relajado, eso es meditación. Y una vez que le hayas encontrado el truco, puedes quedarte en ese estado todo el tiempo que quieras; al final, vas a poder quedarte en ese estado las 24 horas.
Una vez que te des cuenta la forma en que tu ser puede quedarse imperturbable, entonces de a poco, puedes empezar a hacer cosas, manteniéndote alerta de que tu ser no se agite. Ésa es la segunda parte de la meditación; primero, aprender a ser, y después aprender con pequeñas actividades; limpiando el piso, dándote una ducha, pero manteniéndote centrado. Después, puedes hacer cosas más complicadas.
Por ejemplo, ahora te estoy hablando, pero mi meditación no se perturba. Puedo seguir hablando, pero en mi centro no corre siquiera una brisa; hay silencio nada más… Silencio absoluto.
Entonces la meditación no está en contra de la acción. No es que te tengas que escapar de la vida. Solamente te enseña una nueva forma de vida: Te vuelves el centro del ciclón.
Tu vida sigue, sigue realmente con mayor intensidad, con más alegría, con más claridad, con más visión, con más creatividad -sin embargo, estás más distanciado,  eres  solamente un vigía en la cima, observando todo lo que pasa a tu alrededor; no eres el que hace, eres el que observa.
Ése es todo el secreto de la meditación, que te conviertes en el observador.
El hacer sigue en su propio nivel, no hay problema: Cortando leña o sacando agua del pozo. Puedes hacer cosas pequeñas o grandes; lo único que no se permite es que pierdas tu centro.
Esa conciencia, esa observación, se tiene que mantener absolutamente clara, sin nubes, sin perturbación.
En el judaísmo hay una escuela rebelde de misterio que se llama Hassidismo. Su fundador, Baal Shem, era un ser extraño. A media noche volvía del río. Ésa era su rutina, porque en el río, de noche, había una calma y quietud absolutas. Se solía sentar ahí, sin hacer nada -solamente observando su propio ser; observando al observador. Esa noche, cuando volvía, pasó por la casa de un hombre rico y el vigilante estaba de pie frente a la puerta. El vigilante estaba intrigado porque  cada noche, exactamente a la misma hora, volvía este hombre. Salió y le dijo:
-“Perdone la interrupción, pero ya no puedo contener mi curiosidad. Me persigue la intriga noche y día. ¿A qué se dedica?, ¿Para qué va al río? Lo seguí muchas veces y no hay nada; lo único que hace es sentarse ahí horas y horas, y después vuelve a media noche.”
Baal Shem le contestó:
-“Ya sé que me seguiste varias veces, porque la noche es tan silenciosa, que pude oír tus pasos. Y sé que todos los días te escondes atrás del portón. Pero no solo tú sientes curiosidad por mí, yo también siento curiosidad por ti. ¿A qué te dedicas?” 

El guardián le contesto:
-“¿A qué me dedico? Soy un simple vigilante”
Entonces Baal Shem le dijo:
-“¡Dios mío, me diste la palabra clave!, ¡Mi ocupación es ésa también!”
El guardián dijo:
-“Pero, no entiendo; si es un vigilante tendría que estar vigilando alguna casa, algún palacio. ¿Que está vigilando sentado ahí en la arena?”
Baal Shem le contestó:
-“Hay una pequeña diferencia: tú vigilas que nadie de afuera entre al palacio; yo simplemente vigilo a este vigilante. ¿Quién es este vigilante? Ése es el esfuerzo de toda mi vida; me vigilo a mí mismo.”

El guardián le dijo:
-“Pero ese es un trabajo muy raro. ¿Quién le va a pagar?”
Y él respondió:
- “¡La felicidad es tanta, el goce es tan grande, es una bendición tan inmensa que es una recompensa en sí misma! Un solo momento y todas las riquezas del mundo no son nada en comparación.”
El vigilante dijo:
-“Eso es  muy raro… yo me pasé la vida vigilando y jamás me topé con una experiencia tan hermosa. Mañana a la noche lo voy a acompañar; quiero que me enseñe, porque yo sé cómo vigilar pero parece que se hace en otra dirección. Usted mira hacia una dirección diferente."
Hay un solo paso y ese paso tiene que ver con la dirección, con la dimensión. Podemos enfocar tanto hacia afuera como cerrar los ojos al exterior y dejar que toda nuestra conciencia se centre en nuestro interior y vas a darte cuenta porque tú eres el que conoce, tú eres conciencia. Nunca la perdiste, solamente dejaste que se enredara en mil y una cosas. Saca tu conciencia de todo lo demás y déjala descansar adentro tuyo.
Entonces, llegas a casa.
El núcleo esencial, el espíritu de la meditación, es aprender a presenciar.
Por ejemplo: hay un cuervo graznando. Tú estás escuchando. Son dos: Objeto y sujeto; pero, ¿No puedes ver un observador que está viendo a ambos? -El cuervo, el que escucha y todavía hay alguien más que está observando a ambos. Es un fenómeno tan simple.
Estás viendo un árbol; tú estás ahí y el árbol está ahí; pero, ¿no puedes encontrar algo más? -Que tú estás viendo al árbol y que hay un espectador en ti que está viendo que tú estás viendo al árbol.-
Observar es meditación. No importa lo que observes. Puedes observar los árboles; puedes observar el río; puedes observar las nubes; puedes observar cómo juegan los niños; observar es meditación. No importa lo que observes; no importa el objeto; la cualidad de observar, la cualidad de ser consciente y estar alerta es meditación.

Acuérdate de algo: Meditación significa conciencia y cualquier cosa que hagas con conciencia, es meditación. No importa la acción sino la cualidad que traes a tu acción. Caminar puede ser una meditación si caminas estando alerta. Sentarte puede ser una meditación si te sientas estando alerta. Escuchar a los pájaros puede ser una meditación, si escuchas con conciencia. Hasta escuchar el ruido interno de tu mente puede ser una meditación si permaneces alerta y vigilante.
Todo se resume así: uno no debería actuar inconscientemente. Entonces, cualquier cosa que hagas es meditación.
El primer paso a la conciencia es ser muy consciente de tu cuerpo. Muy poco a poco, uno se vuelve más consciente de cada gesto, de cada movimiento. Y al hacerte más consciente se da un milagro: muchas cosas que antes solías hacer desaparecen; tu cuerpo se relaja más, se hace más armónico, prevalece una paz profunda,  pulsa una música sutil.

Después empieza a tomar conciencia de tus pensamientos; con los pensamientos tienes que hacer lo mismo. Son más sutiles que el cuerpo y por supuesto también más peligrosos. Y cuando te hagas consciente de tus pensamientos, vas a sorprenderte de lo que pasa adentro tuyo. Si escribes lo que pasa en tu mente, en cualquier momento, vas a llevarte una sorpresa. No vas a poder creer que esto pase adentro tuyo. Después de diez minutos, leélo: ¡Vas a ver una mente loca adentro tuyo! Como no somos conscientes, toda esta locura sigue actuando como una corriente subterránea que afecta  todo lo que haces y también lo que no haces; lo afecta todo…¡ Y la suma total va a ser tu vida!

Entonces, hay que cambiar a este demente. Y el milagro de la conciencia es que no necesitas hacer nada excepto estar consciente.
El fenómeno mismo de observarlo lo cambia; poco a poco, el loco desaparece; poco a poco, los pensamientos empiezan a tener cierto ritmo; desaparece el caos, se vuelven más un cosmos… Y otra vez, prevalece una paz más profunda. Y cuando tu cuerpo y tu mente están en paz, vas a ver que también están sincronizados entre sí, que existe un puente; ya no corren más en distintas direcciones, ya no cabalgan en caballos diferentes; por primera vez hay armonía y esa armonía te ayuda inmensamente a trabajar en el tercer escalón, -que es tomar conciencia de tus sentimientos, emociones y estados de ánimo.

Esta es la capa más sutil y la más difícil. Pero si puedes ser consciente de tus pensamientos, es solamente un paso más.

Se necesita una consciencia un poco más intensa para poder reflejar tus estados de ánimo, tus emociones y tus sentimientos. Cuando ya eres consciente de todo eso, los tres se amalgaman en un solo fenómeno, y cuando estos tres son uno -funcionando juntos perfectamente, en armonía, puedes sentir la música de los tres; se convierten en una orquesta- y  entonces se da el cuarto, pero este no puedes hacerlo, se da solo; es un regalo del todo, es un premio para quienes dieron los primeros tres.
Y el cuarto, es el último estado de conciencia que nos hace iluminados. Uno se hace consciente de su propia conciencia -Ése es el cuarto. Eso hace que uno sea un Buddha, el que despertó; y únicamente en ese despertar, uno llega a saber qué es el goce supremo. El cuerpo conoce el placer, la mente conoce la felicidad, el corazón la alegría, el cuarto conoce la bienaventuranza, el goce supremo. Este goce supremo es la meta de Sannyas, de ser un buscador de la verdad y el camino hacia él es la conciencia.



Lo más importante es que estés alerta, que no te olvides de mirar, que estés observando… observando… observando… y, poco a poco, cuando el observador se hace más sólido, estable, concreto y sin distracción, viene una transformación. Las cosas que estabas observando desaparecen; por primera vez, el observador mismo llega a ser el observado. Ya llegaste a casa.
  
EL  FLORECIMIENTO  DE  LA  MEDITACIÓN
La meditación no es un método hindú; no es solo una técnica. No la puedes aprender, es un desarrollo: un desarrollo de tu vivencia total, el resultado de vivir en forma total.

La meditación no puede añadirse a ti así como estás; no se te puede agregar; puede llegar a  únicamente por medio de una transformación básica, de una mutación. Es un florecimiento, un crecimiento. El crecimiento siempre es de la totalidad; no es una suma. Así como el amor no se te puede agregar sino que crece de ti, de tu totalidad, tienes que crecer hacia la meditación.
  
EL  GRAN  SILENCIO
En general, el silencio se entiende como algo negativo, algo vacío, una ausencia de sonidos, de ruidos. Este malentendido prevalece porque muy pocas personas experimentaron el silencio realmente.

Lo único que experimentaron en nombre del silencio es la ausencia de ruidos. Pero el silencio es un fenómeno totalmente diferente. Es absolutamente positivo. Es existencial, no está vacío; lo desborda una música que nunca escuchaste, con una fragancia que no te es familiar, con una luz que solamente puede verse con los ojos internos.

No es algo ficticio; es una realidad y una realidad que ya está presente en todos, lo que pasa es que nunca miramos para adentro. Tu mundo interno tiene su propio sabor, su propia fragancia, su propia luz. Y es absolutamente silencioso… inmensamente silencioso, eternamente silencioso.

Nunca hubo un ruido ni nunca lo va a haber. No hay palabra que pueda llegar hasta ahí; pero tú sí puedes llegar.

El propio centro de tu ser es el centro del ciclón. Lo que pase a su alrededor no lo afecta. Es silencio eterno. Los días van y vienen, los años van y vienen, los siglos van y vienen, las vidas van y vienen, pero el silencio eterno de tu ser sigue siendo el mismo, la misma música sin sonido, la misma fragancia a divinidad, la misma trascendencia de todo lo mortal, de todo lo momentáneo.

No es tu silencio; tú eres ese silencio.
No es algo que tú posees; tú estás poseído por eso y ésa es su grandiosidad... Ni siquiera tú estás, porque incluso tu presencia sería una perturbación.

El silencio es tan profundo, que no hay nadie, ni siquiera tú. Y este vacío trae verdad, amor y miles de otras bendiciones.
 
Osho

Alegría. Por Osho


¿Qué es la felicidad? Depende de ti, de tu estado de conciencia o inconsciencia, de si estás dormido o despierto. Murphy tiene una frase famosa. Dice que existen dos tipos de personas: las que siempre dividen a la humanidad en dos tipos y las que no dividen en absoluto a la humanidad. Yo formo parte del primer tipo: la humanidad puede dividirse en dos tipos, los que duermen y los que están despiertos y por supuesto un pequeño grupo que están entre medias.
 
La felicidad dependerá de donde estés en tu consciencia. Si estás dormido, el placer es de la felicidad. El placer significa la sensación de intentar alcanzar por mediación del cuerpo algo que no se puede alcanzar por mediación del cuerpo, obligar al cuerpo por todos los medios posibles, alcanzar la felicidad por mediación del cuerpo.

El cuerpo sólo puede proporcionar placeres pasajeros, y cada placer se equilibra con el dolor, del mismo grado, en la misma medida. A cada placer le sigue lo opuesto, porque el cuerpo existe en el mundo de la dualidad, igual que la noche sigue al día y la vida sigue a la muerte y la muerte sigue a la vida, en un círculo vicioso.  Al placer lo seguirá el dolor, y al dolor lo seguirá el placer. Pero nunca estarás tranquilo. Cuando te encuentres en un estado de placer tendrás miedo de perderlo y  ese miedo lo emponzoñara. Y, naturalmente, cuando estés perdido en medio del dolor, sufrirás y harás todos los esfuerzos posibles para salir de  él, y volverás a caer en lo mismo.

Buda lo llama la rueda del nacimiento y de la muerte. Nosotros nos movemos con esa rueda, aferrados a ella....y la rueda continúa moviéndose. A veces se presenta el placer y otras el dolor, pero estamos aplastados entre esas dos rocas.

Pero la persona adormilada no conoce nada más. Sólo conoce unas cuantas sensaciones del cuerpo, la comida, el sexo... Ése es su mundo. Si reprime el sexo se hace adicta a la comida; si reprime la comida se hace adicta al sexo. La energía se mueve como un péndulo. Y lo que se llama placer es, como mucho siempre alivio de un estado de tensión.

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Lo que llamamos felicidad depende de la persona. Para la persona dormida, las sensaciones placenteras son la felicidad. La persona dormida vive cambiando un placer por otro. Se precipita de una sensación a otra. Vive para pequeñas emociones; lleva una vida muy superficial. No tiene profundidad, no tiene calidad. Vive en un mundo de la cantidad.

También hay personas que están entre medias, ni dormidas, ni despiertas, que viven en un limbo, un poquito dormidas y poquito despiertas. A veces se puede tener esa experiencia a primera hora de la mañana: todavía estas adormilado, pero si que puedas decir que estas dormido porque oyes los ruidos de la casa, de tu pareja preparando el café, el ruido de la cafetera o de los niños preparándose para el colegio. Oyes todo eso, pero aun no estás despierto. Esos ruidos te llegan vagamente, débiles, como si hubiera una gran distancia entre tú y lo que ocurre a tu alrededor. Tienes la sensación de que forma parte de un sueño. No forma parte de un sueño, pero tú te encuentras en un estado intermedio.

Lo mismo ocurre cuando empiezas a meditar. Quien no medita duerme, sueña; quien medita empieza a alejarse del sueño y dirigirse a despertar, en un estado transitorio. Entonces la felicidad tiene un sentido completamente distinto; tiene más calidad y menos cantidad. Quien medita disfruta más de la música, disfruta más de la poesía, disfruta creando algo. Esas personas disfrutan de la naturaleza, de su belleza. Disfrutan del silencio, disfrutan de lo que nunca habían disfrutado antes, u eso es mucho más duradero. Incluso si se para la música algo persiste.

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La segunda palabra que hay que comprender es la felicidad. El placer es algo fisiológico; la felicidad algo psicológico. La felicidad es un poco mejor, algo más refinado, un poco más elevado...pero no muy distinto al placer. Podría decir que el placer es una clase más baja de felicidad y que la felicidad es una clase más elevada de placer, las dos caras de la misma moneda. El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más refinada, más humana, pero el mismo juego que se juega en el mundo de la mente.

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La tercera es la alegría: la alegría es algo espiritual. Es algo distinto, completamente distinto del placer y de la felicidad. no tiene nada que ver con lo externo, con el otro; es un fenómeno interno. La alegría no depende de las circunstancias; es algo tuyo. No es una excitación producida por las cosas; se trata de un estado de paz, de silencio, un estado meditativo. Es espiritual.

Osho

Un vuelo en lo masculino, por Carlos Fiel




A todos nos hace falta comprender a la otra parte de nuestra vida.


Desde el paraiso

(En negrita relato un cuento, imaginario de las aves del paraiso.
En letra normal, son los pequeños análisis de los valores sociales de lo masculino.)

Los pájaros del paraíso se zambullían en vuelos con los que expresaban sus deseos, no de dominio sino de expresión de sus emociones de gozo, siempre cercanos y permisivos con sus semejantes, resolviendo sus dificultades sin competitividad, sin agresión.

Estos pájaros se expresaban a través de la Acción y la Fuerza pero no basándose en el dominio ni en el control, degradando y humillando a sus congéneres, sino con esa imagen de la Fuerza que nos transmite el Tarot, mirarla, no hay guerreros, ni armaduras, ni trampas, ni correajes y el león es todo un señor león con garras, uñas, crines, etc. No hay emboscadas, ni tratos de favor, ni seducción con carne fresca, ni adulación. Ella va sedosa y florida hacia el león, abre su boca y lo acaricia. Esta síntesis de ambos representa la fuerza. La mujer representa una fuerza tribal, colectiva, el león la fuerza de los valores masculinos tradicionales.
Mantener los valores sociales de lo masculino nos causa un profundo daño individual y social, agresividad, competencia o valentía. Estos éxitos instantáneos nos crean a largo plazo una profunda inseguridad, ya que no es fácil mantenerse en la cresta de la ola sin estrés, ni sufrimiento físico.
No sabemos cómo relacionarnos con los demás hombres, nos falta intimidad y sensibilidad y este sentido de actuar aislados y dominando se transmite generacionalmente. No sabemos actuar en ningún orden social sin dominar.

¿Cómo ayudar a reducir la tensión, agresividad o violencia de los recién graduados en esto de ser hombres?.

a) En lo emocional, aprender a ser vulnerables y pedir apoyo para comprender, expresar y compartir los distintos estados emocionales, alegres o tristes, no esconder y manifestar sólo una parte de nuestra realidad.
b) En lo complementario, aceptar las cualidades femeninas como una parte más de nuestra realidad total como seres, reconociendo y aprendiendo a amar tanto lo masculino como lo femenino.
c) En las dificultades, aprender a comunicarse, ser comprensivos y amables y sobre todo reconocer nuestros límites sin agresividad, ni violencia.
d) En la comunicación, aprender a escuchar a las demás personas, sin que nuestro pensamiento se interponga, para empaparnos de ellas y dejar paso a la percepción.

Y DIOS HIZO AL HOMBRE DE LA TIERRA

Comienza a rebelarse el alma masculina de esas aves del paraíso en busca de una nueva imagen de lo viril, creador, fecundo y sensible, protector y compasivo, atento y contento, en armonía con lo femenino, lunar, de tierra y… libre, abierto, erótico, fuerte, energético, salvaje, alegre. Este es el canto de libertad de esos pájaros heroicos servidores de dioses y diosas, mártires y sufridores, rígidos y patriarcales. Recuerdan a sus abuelos hablando de mitos y cuentos antiguos donde lo masculino iba unido a la tierra y a la luna y lo femenino al sol.
Se negaban a seguir siendo femeninos en secreto, como si fueran una mezcla de hijos - amantes - víctimas al mismo tiempo.
Lo solar es cálido y luminoso, pero en exceso son demasiado cálidos, quebradizos, alejados y secos. Esa naturaleza solar del Dios Padre, distante, dominante, superior y abstracto, les hacía estar, a aquellas aves del paraíso, demasiado distantes del cuerpo y de la tierra.
Sin humedad la calidez de sus pensamientos se secaban y nada podría ya penetrar en ellos. Llegaron a darse cuenta que el sol podía llegar a ser monótono ¿Por qué no la luna ?.
El sol es siempre el mismo en cada amanecer, se repite, siempre poderoso, tiene rigor ¿ debemos ser siempre los mismos ?, se preguntaban entre sí.
La luna a veces está llena y luminosa, otras está de cuarto menguante y otras es luna negra, en su soledad. Luego volvemos a crecer y a expandirnos.
Aceptamos nuestros ritmos, con subidas y bajadas.
La masculinidad solar maltrata nuestra esencia, la lunar deja espacio a la expresión de las emociones.
¿Os acordáis de aquellos pájaros dioses unidos a la tierra, al bosque, al mar o a la Luna? Necesitamos recordarlos y renovarlos.
Debe de haber un territorio común con lo femenino en el que compartir la energía de la tierra, conservándola y amándola, una cultura común e igualmente sagrada.



A LA BÚSQUEDA DEL MISTERIO

Somos aves heridas con un cuerpo de emociones calladas, nadie nos condujo hacia el misterio. El Misterio es un viaje, nadie sabe lo que es, nos envuelve y nos dejamos penetrar, como la vida que se nos abre en abanico, con sus heridas y miedos, nos damos la mano para afrontar juntos esa cotidiana y bella incertidumbre que es el vivir entre los muchos vericuetos que nos presenta la vida.
Este gesto de afrontar juntos el misterio es la verdadera iniciación masculina, reconociéndonos, apoyándonos, sintiéndonos.

Las aves llegaron a sus lugares sagrados, círculos, desiertos, al interior del interior de los templos, cada una fue ocupando su lugar. Llegaron los ancianos, los que guardaban los ritos y los mitos, esos que escasean en nuestra cultura.
Darán enseguida comienzo esos vuelos por la vida, los ritos y las tradiciones, será un vuelo lleno de penalidades que deberán superar antes de volver a nacer como aves liberadas, sólo entonces abandonarán los espacios sagrados para volver a sus casas.
Será duro el reconocerse para los demás y en los demás. Muchas no llegarán a reconocer su propia energía generadora y caerán en la cuneta. Otras se verán sin respuesta para sus esfuerzos, deseosas, impotentes, sin afecto, sin reconocimiento, avergonzadas de lo masculino. Muchas sentirán su cuerpo atacado y despojado de su creatividad, olvidadas y abandonadas, habrán vaciado sus mochilas de estima y ternura. Sin energía y auto-destruyéndose, se preguntarán por su Ave de Poder, generadora, amamantadora de su fuerza y permisiva. Existe, es cierto, pero en sus vidas nadie les enseñó a llamarla ni a escucharla.

IDEALES QUE DESTRUYEN

El hombre, a veces, baila una danza caótica, movido por impulsos que no comprende, temeroso de no dar ni para el mínimo del ideal masculino, habitualmente pendiente de las expectativas de la mujer cuya aprobación necesita desesperadamente.
La experiencia de ser hombre pasa sólo por los hombres, igual que la de ser mujer pasa exclusivamente por la mujer, no debe haber ni condiciones, ni culpabilidades y menos infravaloración. Es difícil salir de este sinsentido de víctimas - oprimidos que siempre damos ante el sexo contrario. El ideal debe pasar por una experiencia positiva y unificante.
¿Dónde está esa energía que nos permite acercarnos los unos a las otras prudentemente, con comprensión, confianza, respeto y mútuo apoyo?.
Necesitamos tiempo de calma para hablar y reconocer lo que somos, lo que queremos ser y cómo queremos sobrevolar nuestras vidas.

RINDETE Y SERAS INVENCIBLE

Toda búsqueda de lo heroico, como sucedía con mis antepasados, puede ser válida.
Grandes vuelos rasantes a flor de piel de la tierra o del mar. Descensos en picado para frenar en el último instante de la experiencia.
Acrobacias siguiendo los tirabuzones que dibuja la mano invisible del viento. De todo esto estoy seguro que hay algo valioso y respetable. Pero pienso que no menos que la simpleza, la humildad o el abandono. Vuelos contemplativos dejándose mecer por las corrientes.
Juegos de paseo con otras aves oteando lo profundo del mar desde la altura.
Luz, sentirla y volar hacia su encuentro.
Esto es algo de siempre, atemporal. El rendirse o arrepentirse va más allá de mi virilidad, y me permite dar un nuevo giro, determinar nuevas coordenadas y nuevas formas de elegir mi vuelo. Quizás esto sea la memoria ancestral de aquellos antepasados guerreros, o quizás tan sólo sea la mía ¡ qué más me da !.
Cuando me rindo valoro el miedo y lo oscuro.
No me siento un héroe, no, para nada. Pero descubro dentro de mí un centro, un silencio. Yo lo llamaría la gracia.
Yo tan sólo me entrego y la acepto y esto me da comprensión.
Pido valor a ese Fundamento para resolver la vida.
Acepto el miedo que me permite afrontar los obstáculos con respeto.
Reconozco el poder, el personal y el divino, y veo lo bueno y lo malo de él.
Al rendirme reconozco la fuerza, abandonando mi ego solitario me fundo con la energía creativa en la vida y en el vuelo. Acepto mi propio camino como guía, no quiero definirme. Puedo ser monje, hombre, asceta o payaso.
Al rendirme expreso mi vida y mi energía y me siento valiente por agachar la cabeza, en el interior de mi interior, a lo que considero sagrado.
Agradezco al día como a la noche por ser hombre y permitirme volar entre el cielo y la tierra. Me queda un gran camino en esto de ser hombre y no me importa empezar como ave del paraíso.
No quiero esperar a la vejez para recorrer este camino, el menos transitado de aquellos que se abrieron en mi juventud. Quiero crecer con el tiempo sin quejas, sin beber el recuerdo de los sueños archivados. Me siento nómada buscando el sosiego del artista, del poeta, del hombre bueno. No quiero engañarme más, tan sólo agradecer a mis mitos que me hayan dejado sólo con mi corazón.
Hoy el día es gris, pero con luz, llegan aromas de distancia con sabor a amigos y aventuras. Hoy la vida se abre, es exuberante. Abandono mi disfraz de hombre, para convertirme en un hombre rendido.

Yoga

¿Por qué practicamos la posición?

¿Por qué utilizamos la respiración?

No se practica el yoga por el yoga. El yoga es un medio, no un fin.

¿Cuál es entonces su objetivo?

La primera cosa que nos enseñan los textos es que el Yoga recuerda un estado. El yoga no es acerca de la forma: sólo puede vivirla, experimentarla. No se puede reflejar, no puede pensar. Un estado no se refleja. Cada individuo es una experiencia diferente, a partir de sí mismo. El yoga no es algo que puede tomarse, que puede conseguirse, sólo se pueden crear las condiciones para recibirlo. La práctica de hatha yoga consiste en suprimir los obstáculos para que el estado de Yoga, el estado de equilibrio, pueda ocurrir espontáneamente. El papel de hatha yoga, de su práctica es controlar lo mental, para estabilizarlo"...

Gerard Blitz : Yoga y Sutra,

De la relación de las escrituras con nuestra práctica cotidiana