Aquello que no tiene nombre

No sé cómo te llamas.

De hecho, es inútil denominarte.

No existe palabra que, en sus límites,

contenga una conciencia tan profunda.

Redondo, completo y perfecto,

tu equilibrio es inherente a cada fruto

que de ti mana y se desprende,

para ser él, competente y único.

Eres la Gran Unidad,

capaz de transmutarte en multiplicidad de seres,

tan original, arcana y primigenia,

que tu alfa se remonta

en espiral eterna de permanencia

y constante transformación.

Te multiplicas, innumera y en belleza,

con cada nueva creación.

Alcanzas los más sublimes estados y,

aunque también te representas en las más profundas abyecciones,

no pierdes ni un ápice de tu condición máxima,

pues los extremos son realidades de una misma esencia.

Tú no desapareces.

Revives de tus restos y formas nueva vida.

Enorme autótrofa, te infinitas.

Y nosotros, últimos vestigios de tu omnisciente,

ignorantes de tu ser incontenible,

impregnados de tus cualidades y potencias

mas desconocedores de todos nuestros dones,

nos negamos tu existencia e incluso te despreciamos.

Inconscientes, laceramos tu obra,

maldecimos tu nombre,

Nos autodestruimos en el propósito

de expulsarte de nuestra coherencia.

Desagradecidos hijos que repudiamos nuestra sangre;

mayores distinguidos de tu reino que erramos en el camino

y, perseverantes, mantenemos nuestro empeño,

convencidos todavía del poder de la razón.

Mas ya es hora de que suenen nuevos himnos

y todos sus hijos se reconozcan y se entreguen

para que nunca más se obvie tu nombre

ni nos avergoncemos de haberte sido infieles.

Dejaremos, de una vez, de traicionarnos

y, como ejemplos de tu ser inmanente,

escucharemos nuestra alma y nuestra boca,

cuando cante en voz alta sus deseos.

Renunciaremos a lo cómodo y estable

y nos arriesgaremos a vivirte como mereces,

para que, pletóricos de ti y de tu esencia,

aprendamos de una vez a ser eternos.


Poema escrito durante mi crisis primaveral de 2002. Sandra me dijo al leerlo "Ya está: ya sabes todo. Ahora has de vivirlo."

La gratitud... linda virtud


Gracias a la vida que me da tanto.
Gracias por todo lo hermoso, por lo que comparto, por lo que aprendo.
Gracias por poder comunicar lo que siento, por encontrar corazones que me escuchan y transmitirlo.
Gracias por mis dones, por mis dichas, por mi pareja, familia y amigos.
Gracias por todo, de verdad, desde lo más profundo de mi corazón, de mi ser y de mi alma.
Gracias por la naturaleza, por los árboles, el mar, el cielo, los astros, las sonrisas de la gente, las miradas de complicidad.
Gracias por todo, eternamente gracias.
Gracias por los mensajes, por la sabiduría y el conocimiento.
Gracias por las lecturas, por todos los grandes intelectos y corazones que comparten su amor por la vida y la sabiduría.
Gracias.
Bendigo millones de veces la dicha de la existencia.
Bendigo mi circunstancia y mi amor, mi propia gratitud.
Bendigo a la Vida en su máxima expresión.
Y bendigo mi designio y mi perfección, su cumplimiento.

Agradeced siempre vuestra Vida, es un magnífico regalo.

Mi familia


Hoy es el 26 cumpleaños de mi hermano menor Marc. Es, posiblemente, el hombre más guapo del mundo (yo le veo parecido a Ben Harper). Es inteligente, responsable, tenaz, sensible, profundo, instintivo, espiritual e infinitamente hermoso. Sé que he compartido muchas vidas con él y ésta es una más. Junto con mi hermano mayor Iván (quien precisamente viene hoy de Valladolid), otro ser divino con forma humana con quien comparto existencia y sangre, formamos un equipo perfecto, sólido, inquebrantable, respetuoso con las características individuales de cada uno y amplificador de las virtudes que nos enseñaron papa y mama para desarrollarnos por la vida. En fin, los amo (a los cuatro) infinitamente y me siento humilde y profundamente orgullosa de tener una familia como la que tengo. Cada día agradezco la bendición de formar parte de ella. Siempre Uno. Para siempre.
Fotos: Los brothers más guapos del mundo en el 22 cumpleaños de Marc

Astral experience


Inmenso océano de vida,
insondable vacío henchido de existencia,
profundo, infinito, abisal.
Allá donde pongo mis ojos
tu presencia lo llena todo
y me proyecto por un túnel de luz,
rodeada de estrellas,
en mitad del universo,
que me lleva de un lado a otro
contándome quién soy.
Y me entrego, me relajo,
soy suave y dulce y receptiva.
Y no temo porque confío.

¿Cómo me siento?

Una amiga, a quien amo muchísimo, me preguntó hace poco:¿cómo te sientes, qué puedes decir? No sé, dije entonces... Feliz, risueña. Agradecida.
Durante estos treinta y un años, por el sendero de mi vida se han quedado amigos, personas queridas, pérdidas irreparables, sueños no cumplidos, metas no alcanzadas y ha habido desolación y muerte...
Sin embargo, nada comparable con los frondosos árboles que me han dado sombra, cobijo y amor en forma en familia; las flores de inimaginables colores en forma de amigos que han iluminado mi cara con una sonrisa y han secado mis lágrimas con sus pétalos; las danzarinas hierbas y juncos en forma de sorpresas, situaciones divertidas, risas, explosiones de alegría...; las piedras grandes y pequeñas que he ido encontrado y he saltado, chutado, superado, cargado y descargado a mis espaldas pero que han estado ahí para ser estupendas y únicas oportunidades de aprendizaje y crecimiento; mis recovecos de bajo tierra, mis intimidades, mis secretos y esa parte de tiempo que me dedico única y exclusivamente (mi tai chi, mi yoga, mis libros, mis homenajes...) para poder dar luego mi luz a todas las cosas y personas con quienes comparto; el trino de los pájaros y los sonidos de los animales en forma de parte salvaje, impulsiva y natural, de siempre, desde siempre... y, sobre todo, mi sol, mi luz, mi amor, mi eterno masculino, mi hombre, a quien amo desde siempre y para siempre porque él es mi gran mentor y amigo, como yo lo soy de él.
Así que ya veis... ¿cómo me siento? Pletórica, soñadora, luchadora, constante, con todo lo bueno y lo malo que me ha ocurrido y que me ha hecho quien soy... y me gusta tanto y me quiero tanto... y os quiero tanto a todos... Así que gracias, eternamente gracias. Gracias por quererme, escucharme y apoyarme y, sobre todo y ante todo, gracias a la VIDA, la gran artífice de este estupendo milagro que es mi existencia y la de todos nosotros.

Foto: Cena en Stechelberg (Interlaken, Suiza, verano 2006)

No te rindas


No te rindas / aún estás a tiempo / de alcanzar y comenzar / de nuevo. / Aceptar tus sombras / enterrar tus miedos / liberar el lastre / retomar el vuelo. / No te rindas, / que la vida es eso / continuar el viaje / perseguir tus sueños / destrabar el tiempo. / Correr los escombros / destapar el cielo. / No te rindas, por favor, / no cedas / aunque el frío queme / aunque el miedo muerda / aunque el sol se esconda / y se calle el viento. / Aún hay fuego en tu alma / hay vida en tus sueños. / Porque la vida es tuya / y tuyo el deseo. / Porque lo has querido / y porque te quiero. / Porque existe el vino / y el Amor, es cierto. / Porque no hay heridas / que no cure el tiempo. / Abrir las puertas / quitar los cerrojos / abandonar las murallas / que te protegieron / vivir la vida / y aceptar el reto / recuperar la risa / ensayar un canto / bajar la guardia / y extender las manos / desplegar las alas / e intentar de nuevo. / Celebrar la vida / y retomar los cielos. / No te rindas, por favor / no cedas / aunque el frío queme,/ aunque el miedo muerda, / aunque el sol se ponga / y se calle el viento. / Aún hay fuego en tu alma, / aún hay vida en tus Sueños. / Porque cada día / es comienzo nuevo, / porque esta es la hora / y el mejor momento/ porque no estás solo, / porque yo te quiero.


Mario Benedetti

Dios es el Dios de los valientes. Foto: Cala Luna en Cerdeña (abril 2007)

De dolencias y enfermedades

Como bien explica Ken Wilber en Gracia y coraje -autor y libro absolutamente recomendables-, ante cualquier afección, las personas se enfrentan a dos ámbitos: el propio proceso patológico (la dolencia) y el trato -prejuicios, temores, expectativas, mitos, historias, valores, significados- que la sociedad da a esa dolencia (la enfermedad).
Hoy en día, acudimos al médico -ese profesional abrumado de trabajo y encorsetado por unos protocolos-conocimientos tan férreamente estructurados que no dejan lugar a medicinas tan antiguas como la china, la ayurveda, los remedios naturales de toda la vida…- y nos diagnostican una nueva enfermedad: síndrome de hiperactividad, fibromialgia, fatiga crónica, mal del contorsionista o hiperlaxia, etc.

Una vez nuestro estado tiene un nombre -eso es lo que hace el médico: lo denomina-, nosotros ya somos enfermos. Nuestra dolencia se convierte en una enfermedad. Así de sencillo. Así de contundente. A partir de ahí, vamos por la vida con nuestra identidad enferma explicando a quien nos quiera escuchar: estoy enfermo, soy un enfermo. Tal vez ni siquiera sentimos los síntomas de la dolencia, pero hemos asumido la enfermedad. Dejamos de trabajar, cobramos prestaciones de la seguridad social y, en mejor de los casos, invertimos ese tiempo-estado en hacer una profunda revisión de vida y sus pertinentes cambios.

Uno de mis trabajos cotidianos es enseñar a las personas a amar su cuerpo y a conocer, a través de él, los otros estadios de su Ser: su mente y su alma. He observado que la dolencia que mora en nosotros es una dolencia que desconocemos. Mis alumnos no padecen males físicos sino males emocionales que no han sabido integrar en sí mismos y que se traducen en ansiedad, depresión, úlceras, dolores crónicos de cervicales, dorsales o lumbares, afecciones cutáneas derivadas de procesos nerviosos, etc. No son enfermos, son, en última instancia, personas que demandan cariño y atención.

Si hoy, si ahora, si ya, tenemos en cuenta que vamos a morir, si nos invade esa implacable certeza, empezaremos a amar realmente nuestra paso por la Tierra y dejaremos de ser víctimas de la sociedad-sistema que quiere convertirnos en consumidores anónimos y nos responsabilizaremos de la cuota de vida que nos corresponde, alimentándonos como es debido, realizando ejercicio -el cuerpo humano no está hecho para ser sedentario: no tendríamos brazos ni piernas-, visitando la naturaleza y manteniendo una actitud positiva, libre de la cara oculta de las emociones.

Así, no habrá dolencias ni enfermedades. Así, seremos quienes realmente somos.

Reflexiones

Dentro de ti hay un inmenso océano de paz, de dicha, de gloria, la maravillosa sensación de ser Todo y no ser Nada.

El mundo es un lugar excepcional, tan hermoso. Las mentes humanas han creado un precioso holograma, un sin fin de Belleza, pero más allá de esa apariencia impermanente se encuentra la Forma Vacua, la Vacuidad con Forma, el reino de la Dicha Eterna, el reino de Dios, el reino de Buda. Sólo mirando dentro -tan sencillo, tan evidente, tan simple- lo ves.

Eres tú esa calma profunda, esa inmensa nada, esa ausencia de esfuerzo, esa plenitud de ser. Estar ahí, sentarse, observar, re-conocer, discriminar la verdadera naturaleza de tu mente, la ausencia de significado, la evidencia de tu yo como otro de los pensamientos de los tantos que te asaltan, su apego, su aversión. Sólo aceptando, desmontando la falacia de tu ego tal como aparece, sin imputación, sin juicio. Vacuo. Ser.

Dejar de meditar supone la vuelta a la ignorancia y a la ofuscación, a los pensamientos erróneos causantes del sufrimiento. Meditar es el refugio, la respuesta, el método para rasgar los velos de la ilusión y observar claramente la Realidad.

Fo
to: Pranayameando y meditando en un pie de vía de Siurana hace unos años.

Hoy

Hoy elimino de mi agenda dos días: ayer y mañana.
Ayer fue para aprender y mañana será la consecuencia de hoy.
Hoy me enfrento a la Vida con la convicción de que este día jamás volverá.
Hoy es una nueva y verdadera oportunidad de vivir intensamente.
Hoy tengo la audacia de no dejar pasar ninguna oportunidad.
Mi única alternativa es la de triunfar.
Hoy invierto mi recurso más importante: mi tiempo, en mi obra más trascendental: mi vida.
Cada minuto lo vivo apasionadamente para hacer de hoy un día diferente y único.
Hoy desafío cada obstáculo que se presenta con la fe de que venzo.
Hoy conquisto el mundo con una sonrisa, con la actitud positiva de esperar siempre lo mejor.
Hoy hago de cada tarea ordinaria una expresión sublime.
Hoy tengo los pies en el suelo para entender la realidad y la mirada en las estrellas para inventar mi porvenir.
Hoy tengo tiempo de ser feliz y dejo mi huella y mi presencia en el corazón de los demás.
Hoy me invito a empezar un tiempo nuevo donde sé que es posible cuanto me propongo y lo realizo con alegría y dignidad.

PD Foto: Allium triquetum en el trek a Garganta de Su Gorrupu del PN del Gennargentu en Cerdeña (abril 2007)

La lentitud

La lentitud, intuyo, está a pocos pasos de la sabiduría y acaso sea lo que queda más cerca del placer. Al menos son pocos los placeres que queremos ver desaparecer a toda velocidad. Acaso lo lento esté emparentado con lo leve y sobre todo con lo elástico. De hecho, en latín, lento es sobre todo lo flexible, lo sinuoso, como los ciclos, como la vida que de ellos se alimenta.

La velocidad necesita la línea recta, lo lento el abrigo de lo redondo. La vida no es plana, ni rectilínea, ni rápida. Aunque a nosotros se nos pase a toda velocidad, vivir es arder a fuego lento, a pequeños sorbos, aceptando la pausa para degustar las suaves ondulaciones de los procesos cíclicos. La lenta mirada que administra un movimiento pausado es la única que hace destellar los detalles. El pausado paso del tiempo por tus entrañas permite degustar los mejores instantes de la vida. Vivir al compás de lo que vive te hace consciente de una mayor cantidad de realidades, tanto cercanas como incluso lejanas.
Ninguna de las formas vivas del planeta, con la excepción de nosotros, tiene prisa. Nadie quiere concluir antes del tiempo exacto, el de su propia maduración. Ruskin afirmó que “la belleza del fruto está en proporción del tiempo que transcurre entre la semilla y la recolección”.

Joaquín Araújo

PD Bajo el Cervino o Matterhorn (visto desde Italia) haciendo taichi en verano de 2006.

Imagina...

Imagina un mundo en llamas, un mundo de terror, un mundo de destrucción. Eres un pequeño niño de siete años. Papá se fue y no has vuelto a saber nada de él, mamá lucha por conseguirte alimento y agua cada día, ni que sea un mísero trozo de pan y un poco de caldo con arroz; de vez en cuando hasta puedes comer un poco de carne. El agua potable más próxima está a más de cinco kilómetros. Tampoco hay luz en casa: os ilumináis con velas que mamá apura hasta el final. Desconoces el paradero de tu hermano mayor y tu hermana menor te acompaña a todas partes (mamá te dijo que nunca la perdieras de vista). No puedes ir a la escuela. No existe: la destruyeron. Tampoco tienes un mísero juguete con que olvidar tu desgracia. Vivís en un pequeño edificio en ruinas. Durante el día, antes de salir a buscar la comida del día, mamá coloca parapetos en techo y paredes para tapar agujeros de metralla, proyectiles perdidos buscando muerte. Por la noche, aúllan las sirenas y se oyen los disparos y bombardeos. Un continuo. Bam, bam, bam. Día y noche. Día y noche. Es una ruleta. Cada nueva mañana falta un edificio. Y sus ocupantes. Tus pequeños ojos están constantemente abiertos, la sorpresa del terror cegó tus pupilas y sólo miras. Miras, sin entender. Eres muy pequeño y ya has visto demasiada sangre, demasiada barbarie. En invierno pasáis muchísimo frío, apenas hay mantas para los tres, y mamá se las ve y se las desea para conseguir que estéis mínimamente a gusto. En verano, el calor se os pega en el cuerpo, sucio -podéis lavaros una vez a la semana, lo más-, y las moscas giran a vuestro alrededor sin parar. Sales a la calle y soldados armados vigilan tus pasos. Son enormes, altos, amenazadores. Nunca os miran a los ojos. Tu hermana y tú siempre pasáis corriendo delante de ellos. Les teméis. Los has visto disparar contra tus vecinos, cuando éstos han iniciado algún ataque. Pobres. No llegaron ni a rozarlos. Tus vecinos hablan de odio, de venganza, pero tú no tienes ganas. En tu infantil comprensión y por lo que te cuenta tu mamá, entiendes que el odio genera odio y la violencia siembra violencia.

Así que cada día que pasa sueñas con un mundo mejor. No lo conoces pero sueñas que existe. Un mundo sin llamas, sin terror, sin destrucción. Un mundo donde tu papá vuelva como el que se fue a trabajar fuera. Un mundo donde mamá vuelva a dar clases en la escuela y luego te espere en casa. Un mundo donde aparezca tu hermano mayor. Un mundo donde tu hermana pueda correr y jugar sin miedo, y sin ir pegada a ti todo el día. Un mundo donde puedas ir a la escuela. Un mundo con luz y agua corriente. Un mundo con desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena diarias. Un mundo donde tus ojos puedan mirar tranquilos y cerrarse para dormir serenamente. Un mundo en el que observes el paso de las estaciones, el invierno y su nieve, la primavera y sus flores, el verano y su agua, el otoño y sus colores. Y, sobre todo, un mundo donde se acaben el ruido, las bombas, los disparos, la ruleta de la muerte. Todo esto sueñas cada día. Y, ¿sabes? En otras partes del mundo, de ese mundo que tú ni tan siquiera imaginas, personas y niños como tú ríen, saltan, juegan, van al trabajo, al campo, a la playa, a las ciudades, a museos, cines y centros comerciales, pagan sus hipotecas, se casan, se divorcian y vuelven a casarse, tienen teléfonos móviles, ordenadores, programas basura, sistemas educativos paupérrimos, sanidades especulativas, falta de respeto por el medio ambiente -esos árboles que tú tanto amas aunque te quedan pocos alrededor-, coches, trenes, barcos y aviones -parecidos a los que bombardean a tus vecinos-, hacen vacaciones, gimnasia y actividades... y millones de cosas más que tan siquiera ni imaginas. Y en ese mundo, en ese maravilloso primer mundo, esos hombres, mujeres y niños que ni tan siquiera imaginas están llenos de temores, de pesadillas, de miedos infundados, de insomnio, de ansiedades, de pastillas contra todo y para todo, de mentiras, de soledad, de falta de comunicación, de carencia de valores, ortopédicos de sueños, minusválidos de vida... sin darse cuanta que son los privilegiados que pueden sorprenderse con el milagro de la existencia. Imagina... Imagina que eres un niño de siete años. Vives en cualquiera de las zonas en conflicto armado que existen hoy en día. Y, ¿sabes? Ellos -los del primer mundo- aún osan sentirse y creerse los desgraciados.

EL CAMBIO GLOBAL EMPIEZA POR EL CAMBIO INDIVIDUAL

Maestros espirituales

Cualquier libro de Ken Wilber es una oportunidad única de crecimiento y aprendizaje. Éste es un fragmento de La pura conciencia del ser (ed. Kairós, col. Sabiduría perenne) que me gusta mucho. Tal vez porque aspiro a ser un día una maestra espiritual implacable pero amable:

"Hay maestros espirituales amables, seguros, consoladores, tranquilizadores y respetuosos, y los hay que son auténticos proscritos, verdaderos diablos, los chicos y chicas duros de la realización de Dios, hombres y mujeres que se plantan frente a ti, molestándote y aterrorizándote hasta que finalmente despiertas a lo que, en el fondo , eres. Te sugiero que elijas cuidadosamente a estos últimos.

Si lo que quieres es aliento, sonrisas afectuosas, caricias a tu ego, palmadas en la espalda y palabras amables que alientan la contracción en ti mismo, buscan buen chico o una buena chica y deja que te lleve de la mano por el dulce camino de la reducción del estrés y del confort egoico. Pero si lo que quieres es la iluminación, si lo que quieres es despertar y freírte en el fuego de la pasión del Infinito, te sugiero que busques a un chico o una chica duros, los únicos que te harán sentir incómodos en su presencia, se enfrentarán a tu estupidez, te darán la vuelta en un segundo, te harán sentir ridículo, te harán desear no haber nacido, no te harán sentir cómodo sino aterrado y no pretenderán endulzarte la vida sino que te angustiarán hasta que finalmente emprendas el camino que conduce a tu propio Rostro Original.

Si lo que quieres es alejarte de los sueños consoladores y acercarte al verdadero despertar, si no aspiras a fortificar el ego sino a alcanzar el conocimiento de Dios, necesitarás experimentar una muerte brutal y conmovedora, una muerte literal del yo separado, una dilución dolorosa, aterradora y horrible, una extinción milagrosa que te permitirá atestiguar una expansión en la Verdad sin fronteras, sin forma y radical que impregnará todas y cada una de tus células y empapará tu ser hasta la médula, ampliando lo que crees ser hasta que puedas abrazar las galaxias más distantes. Porque el Espíritu sólo se encuentra más allá de la muerte y la Verdad y la Bondad y la Belleza sólo nos aguardan del otro lado de la muerte del ego. Como recordaba Sri Ramana Maharshi “a su debido momento llegarás a comprender que tu auténtica gloria se halla precisamente ahí donde dejas de existir”".

Carta de la anciana que seré a la mujer que soy

Éste es un ejercicio de la clase de creatividad a la que acudía los viernes. Consiste en escribir una carta de la anciana que serás a la persona que eres hoy. Es un tremendo, maravilloso y enriquecedor ejercicio de autoestima y autoconocimiento. Ahí va:

"¡Querida niña! ¿Cómo estás? Espero y deseo que bien y que poco a poco vayas aprendiendo cada vez más a ser más tranquila, coherente, relajada, menos impetuosa y veas las cosas con la distancia y la perspectiva de quien sabe relativizar.
¿Sabes, mi niña? Cuando te haces mayor, anciana como yo, sigues amando tanto la vida... y al mirar atrás sonríes, cómplice, viendo cuánto has hecho. Poco a poco comprendes que lo hermoso es amar y dar siempre que puedas, que la mayor recompensa y el mayor tesoro que puedes llevarte al mundo de las almas al que regresarás tras tu muerte son la alegría, los gestos de cariño, las sonrisas, los abrazos, las miradas, el amor que cosechaste.
¿Sabes, mi niña? No temas nunca ni te enfades con tus amigas ni con David (él continúa a tu lado después de tantos años, después de tanto compartido), sé buena con mamá, con Iván y con Marc, siempre, porque los echarás de menos cuando no estén. Honra la memoria de papá como lo haces.
Muéstrales a todos como eres pero no te impongas, permite que poco a poco descubran ese maravilloso diamante que posees en tu interior y sé feliz, inmensamente feliz, risueña, dichosa, positiva, amorosa, paciente, porque de esta manera llegarás a ser quien soy.
Recuerda siempre todo lo que has aprendido, desde chiquitita, toda la enseñanza tácita que circula por el mundo esperando a que la descubras.
No te encolerices, no te impacientes, no creas saberlo todo, nunca: la arrogancia destruye tu verdad y te hace malgastar energía
¡Mi querida niña! ¡Cuánto te diría!¡Cuánto callaría para sólo mirarte a los ojos porque sé cuánto comprendes, cuánta sabiduría anida en tu interior esperando a ser desvelada poco a poco, a su debido tiempo!
Y poco más, mi linda niña, mi eterno corazón, mi inmensa alma: Vive, disfruta, aprovecha cada segundo de tu vida y ama, por encima de todo, ama. A todo, a todos. Porque dar es la única manera de recibir, porque vivir de verdad es entregarte en cuerpo y alma a lo que amas y sueñas.
Siempre juntas, por toda la eternidad. Arantza”

Yoga y conciencia

Resulta muy osado creer que el último escalón evolutivo es el ser humano tal y como ahora se conoce. En el eterno devenir que es la evolución del Universo, el ser humano no es más que un minúsculo holón (totalidad/parte al mismo tiempo) que se halla dentro de una corriente expansiva. Así, como especie, una vez que trascendimos el cuerpo, nos instalamos en la mente. Nos ha servido para muchísimas cosas (desde nuestra morfología bípeda hasta la sociedad de la información) pero hoy en día es necesario dar un salto evolutivo de mayor calidad y cualidad. El objetivo actual es albergar la conciencia. La conciencia es aquello más allá de nuestra mente. Aquello que no reside en el continuo espacio-temporal con que nos relacionamos. Es aquello que somos. Aquello que es el espectador, el Testigo, tanto del mundo material como del mundo mental. Todos sabemos de qué estamos hablando: aquello que no podemos dejar de ser porque es nosotros mismos. Para ello, para superar la etapa evolutiva de la mente, hemos de desidentificarnos de los procesos mentales que se producen en nuestro cerebro. Dejar de creer que esa voz (o voces) que dialogan dentro de nuestras cabezas somos nosotros. Eso no somos nosotros. Eso es el ego. El ego es una herramienta, no nuestro Ser. El ego es un instrumento, no el Hacedor. El ego ha de estar a nuestro servicio, no nosotros al de él. El ego siente la dualidad. La dualidad es el origen del sufrimiento. El sentimiento de separatividad es aquello que causa dolor, dolor de dentro, dolor de verdad. La conciencia trasciende el sufrimiento, se sabe hermana de todo porque sólo es una. Considerando que todo cuanto existe son ondas de energía que vibran a una determinada frecuencia y con una determinada longitud y que esta energía, desde la más burda a la más sutil, es lo que nos forma; actualmente aún anida dentro de nuestros cuerpos mucha energía densa que necesita ser acelerada y sutilizada para contener la energía de conciencia que necesita el ser humano en los tiempos de hoy. Uno de los aspectos del yoga es ser un método para ello. Con asana (posiciones corporales) y pranayama (control de la respiración), trabajamos, purificamos y trascendemos nuestro cuerpo y dejamos de identificarnos con él (sus emociones, dolores, sufrimientos... reconocemos -volvemos a conocer, porque siempre lo hemos sabido- que somos algo más que las experiencias corporales y sensitivas que nos ocurren).
La interiorización -pratyahara-, la concentración -dharana- y la desaparición de la dualidad objeto/sujeto -dyana- de la meditación decontraen la mente acercándonos a la vivencia del alma. Así, nos percatamos de que no somos ego, de que lo que hemos llamado nuestro yo es un pensamiento más con el cual nos hemos identificado tanto que hemos creído ser él. En este punto, conocemos la verdadera naturaleza de la realidad. Se produce el derrumbamiento de las aparentemente sólidas barreras y bases de nuestra existencia y la primera apertura al Abismo del Ser. El inicio del desvelar de las máscaras-velos que cubren nuestra percepción. La certeza de que nada es tan sólidamente real como habíamos creído: el reconocimiento de la impermanencia del mundo material e incluso el entendimiento de cómo se forma esa materia, conocimiento que nos permite la creación de otra nueva. Es ver, ver de verdad. El instrumento utilizado para ello y el trabajo de sus fases graduales, la meditación (activa o pasiva, con soporte o sin; la atención consciente, en definitiva, en todos y cada uno de nuestros actos), nos transportan a estados sutiles de conciencia que nos permiten vivenciar las experiencias de transparencia, sincronicidad, el Gran Plan del que somos creadores y partes. Samadhi nos trasciende el alma (la Gran Muerte) para que seamos el Espíritu. Es la última y mayor sutileza de la mente abstracta -la primera y menor también-, el viaje a través del tiempo y el espacio, la vacuidad (donde la Nada contiene al Todo y el Todo no es Nada), el Reconocimiento del Ser (Eso Soy Yo, purusha). Es la entrega, la confianza, el Tao, el Amor a Todo y a Todos, la Gloria Infinita de la Vida, el Éxtasis de la Existencia y de la No Existencia, el llanto, la devoción. Parafraseando a Juan Ramón Jiménez: “¡La trascendencia, Dios, la Trascendencia! El Uno Todo, Sólito e Infinito.” El hogar de los místicos y aún más allá de él: la Nada, la masa informe de la terrible belleza de la no existencia. Donde nada importa, donde nada es porque todo es lo mismo. Donde nada soy y nada me pertenece. El Yo soy Dios y Tú eres Dios y Todos somos Dios. Yoga es Dios y es Amor, y es Luz y es Fuente y es Vida y es Madre y es Dolor hasta que llegas y es Sanación y son lágrimas de dicha por el dolor sentido, por vivir, por morir y por Ser. Yoga es avanzar por el camino de la Luz hacia el verdadero hogar de nuestras almas, al Gran Alma, aquí y ahora, en el eterno y único presente.

Poemas de mi adolescencia

Hoy compartiré una serie de poemas sobre mi adolescencia (época turbulenta de mi vida donde las haya aunque muy hermosa, por otro lado). Es curioso pero, cuando escribo poesía, los versos me salen del tirón, soy dominada por una especia de inspiración y ecribo y escribo y escribo y ni siquiera corrijo: me gustan su espontaneidad y frescura. Algunos son fuertes, pero es como me sentía a veces durante esos años. Espero que os agraden. Besos y buen finde. Pd. Este finde tengo seminario de yoga: os hablaré de ello el lunes. La foto es de Cerdeña del verano 2004. Kizz

ADOLESCENCIA

A mi hermana, mi yo adolescente, diosa iluminada, diosa vejada, mas diosa al fin y al cabo. Linda niña, madre amantísima y sabia anciana. A mi alma. Para sanarla. A mí. Para sanarme.

I
Yo no quería que las aves anidaran en tu espalda.

Quise evitar los degüellos de las sombras avanzando tras tu huella.
Pero venían, venían sin descanso.

Una tras otra, una tras otra.
Y se lanzaban contra ti, masacraban tu figura.

Yo no quise que la luz que iluminaba tu cintura
se perdiera para siempre en el olvido.

No quise que la dulce brisa de tu cuerpo
se anegara bajo aguas borrascosas.

Pero yo no decidía.
Algo o alguien superior a mí
conocía la jugada de antemano.
Y obedecí.
A mi pesar.
Y aún te lloro.

Sin saberlo.

II

Llegaron en bandada.
Chillaban. Chirriaban.
Estridentes. Insoportables.
Batían sus alas frenéticamente.
Tapando la luz, anegando la vida de sombras.
Como aviones, se lanzaban en picado.
Y antes de llegar ni siquiera a rozarnos,
alzaban de nuevo el vuelo
mientras giraban sus cabezas para mirarnos.
Y reírse:
terriblemente irónicos,
amargamente histriónicos.
Malditos.
Malditos sean un millón de veces.
Llegaron.
Llegaron en bandada.
Por todos lados.
No tuvimos fuerzas ni brazos suficientes
para apartarlos.
Y cayeron sobre nosotros.
A cientos. A miles.
El sonido era estremecedor.
El hedor, insoportable.
Picoteaban nuestras pieles,
Desgajaban las entrañas.
Nos descuartizaron.
Pero cuando la última de nuestras vísceras
colgaba triunfante de sus picos,
una ola interminable de energía
envolvió nuestro universo,
resucitándonos de la muerte diaria del amor
para que viviéramos una nueva vida.

III

Vivíamos en el fuego, triunfantes,
con la energía desparramada por doquier,
propia de la juventud primera.
Vivíamos bajo el agua, taciturnas,
impregnando cada caricia
de sinsentido orgiástico.
Vivíamos en la tierra, plantadas,
herederas de lo de siempre,
defensoras de lo auténtico.
Vivíamos en el metal, afiladas,
cortantes, líquidas y sólidas a la vez,
manifestando la agudeza de nuestro ingenio.
Vivíamos en la madera, precisas,
tenaces y perseverantes,
fiel imagen del árbol que mira su Destino.
Vivíamos elementales:
reíamos con la fuerza de los dioses
y gozábamos con la magia del amor.
Éramos grandes y no lo sabíamos.
Éramos diosas y nos herimos jugando a ser mortales.
Pero ahora re-conocemos nuestra condición.
Y volvemos a volar…
Y volvemos a elevarnos…
Con el
misterio de sabernos una:
la que nunca se desdobla.

IV

El perdón llegó por sí solo.
No lo llamé ni dio señales de su llegada.
Se colocó enfrente.
Miró mi costado derecho,
herido, verdoso,
supurante de bilis. Vesicular.
Y aproximó sus labios a mi vientre:
aspiró mi dolor enquistado,
sorbió el líquido manante,
lamió la herida y la cicatrizó.
Entonces la ira se transformó en poder,
la rabia se convirtió en creación
y nunca más hubo marcha atrás.
Ya no la hay.
Ahora sólo Dios@.
Ahora sólo Yo.
Bienaventurado quien se escucha,
quien se descubre y quien se re-conoce,
pues ése se ama y se sana.

V

Llegados a este punto, la conciencia danza sola.
Nada ni nadie la detiene.
Vuela, se retuerce, asciende y desciende.
No se queda quieta ni se mueve:
se transforma constantemente.
ES. Sólo ES.
Y eso ES lo único que importa.

VI

Los pasos en falso están en el camino. La virtud consiste en esquivarlos. No concededles demasiada importancia ni pensar que son inofensivos. Salir, huir de mí: eso quería de joven. No verme más ni tener que soportarme cada día. Miraba mi rostro y me odiaba. ¡Dios mío, soy tan linda! ¿Cómo era capaz de odiarme? ¡Cuánto daño inflingido a mi propia persona! ¡Qué capacidad de destrucción dirigida a mí para no dañar al resto! Siempre me supe cruel… Y no lo soy. Sólo a veces no sé dirigir mi energía, canalizarla. Y menos aún sabía de joven. Todo cambió al empezar a escucharme. Descubrí mi voz interior, mi verdadero yo, y ella me ayuda a conocerme y quererme. A honrarme y amarme. A respetarme. Soy heredera de todas las tradiciones. Soy la Luz y el Amor, la Vida y la Energía. Soy Dios@. Todos lo Somos. Soy hermosa, me digo. Muy hermosa. Y soy buena. Muy buena. Me amo y amo al prójimo. Pero sólo al amarme aprendí a amar al otro. El amor es el máximo respeto. El amor a alguien es participar en la consecución de la máxima expresión de su ser. Mis prácticas me ayudan. Mis prácticas me enseñan. Mis prácticas me dicen qué es natural y qué no, qué es mi designio y qué mi ofuscación. En la espiral del dolor con que me flagelaba para no evolucionar, también me abatían las cuestiones: ¿cuántos cayeron en mi lucha?, ¿cuántas víctimas abandoné en el camino?, ¿cuántos murieron en la batalla sin ser yo consciente? Ahora reconozco que son pasos en falso, testimonios de las pruebas-errores que conforman mi persona. Hoy sé quién soy y olvido los pasos en falso (como un niño olvida cuando se cae al aprender a caminar). Dejo la moral cristiana aparcada fuera de mi mente para no tener que estar perdonándome continuamente. Me equivoqué. Sí, ¿qué pasa? Es porque me equivoco que estoy en el camino de la perfección. Es por lo que pruebo, que sé lo quiero y descarto lo superfluo. Sólo quien se arriesga y, por tanto yerra, acaba encontrando su Camino. Y una vez en él, ya nada te aparta.

VII

Ágape…
Destrózame el corazón de tal forma
que haya lugar para albergar
el Amor Infinito.
Ábremelo, desgárralo,
déjalo aparentemente inerte
para que el Abismo sea tan grande
que, colmado de Amor, muera en Éxtasis.
Ágape…
Déjame sentirte sin necesidad de morir.
Sólo mata lo imperfecto en mí.
Gloria eterna a la sensación
de estar unida al Uno Todo,
al Todo Uno.

Reflexión poética


Cada vez que observo las estrellas veo un ejemplo más de la maravillosa perfección que es esta Tierra. Cuando detenidamente admiro los árboles creciendo y ofreciendo sombra, con arbustos y flores a sus pies y tal vez con un río abriéndose paso; comprendO realmente que la vida es un regalo inmenso, magnífico, el mayor don que he recibido. Cada vez que veo tus ojos y leo tu sonrisa de complicidad en ese hermoso rostro que Dios te ha dado, entiendo que el Amor es lo más grande de este mundo. Cuando pienso en quienes amo además de ti, familia y amigos, me percato que la compañía de seres tan únicos y tan iguales a mí al mismo tiempo es aquello que me mantiene en pie y me permite seguir creyendo siempre.
A lo largo de estos 31 años que llevo vividos, me he dado cuenta de muchas cosas y la más importante es que el Amor y la Fe son lo más divino de este mundo.

Cada cual sabe cuál es su camino cuando recuerda quién es. Yo sé quien soy: soy Dios de mi mundo y un dios pequeño del Gran Universo. No soy nada y nada me pertenece. Sólo vivo. Por eso los seres humanos, dotados de esta maravillosa conciencia que nos permite discernir tales pensamientos, debemos ser respondables y justos con lo que hacemos porque nuestra vida pero también la vida del planeta, del universo y todo lo que en él ocurre son , en parte, responsabilidad nuestra. Somos atómicos: esferas relacionadas con otras esferas que, junto con millones de esferas, forman la esfera maravillosa que es el mundo; que forma la maravillosa esfera de la galaxia; que forma la maravillosa esfera del universo. Por eso cada movimiento que realizo desde mi esfera provoca reacciones en las esferas inmediatamente más cercanas, que se mueven y generan reacciones en las inmediatamente cercanas y... así sucesivamente.

Por lo que se debe ser muy responsable con lo que cada uno hace y no olvidar que abte cualquier acto la Eternidad entera te está mirando.

Besos! Y amor y paz!!

PD: La foto es un anochecer en Alguer este pasado mes de abril. Cerdeña: isla absolutamente recomendable fuera de temporada (como casi todo) (primavera y otoño ideales).

Frida Kahlo

Como estoy saturada de información advaíta (no, no es ninguna secta, amigos, es una escuela filosófica hindú con su punto de vista sobre la interpretación de la última realidad, el mundo y el ser humano, muy recomendable por cierto), ayer cogí de la biblioteca Juegos africanos de Ernst Jünger, que pinta muy bien, pero como David me lo ha robado y ha empezado a leerlo, me estoy consolando con una minibiografía de Frida Kahlo (http://www.fridakahlo.it/), ya que siempre está muy bien saber algo más de esta estupenda mujer. Hace años leí una muy buena biografía sobre ella y gocé del privilegio de visitar (y de chiripa) una exposición sobre ella y William Blake en la Fundació La Caixa que estaba el passeig Sant Joan. Lo mío con la Kahlo fue amor a primera vista: me subyugó totalmente y desde entonces me entregué a ella. Este pasado verano me ocurrió algo similar en Berna, en una exposición de Meret Oppenheim (http://www.meret-oppenheim.de/).
Este año es el 1oo aniversario de su nacimiento y se celebrarán actos en su memoria alrededor del mundo. También, obra actualmente en mi poder (cedido por la maravillosa biblioteca del meu poble) la bso de la película
Frida de Julie Taymor, protagonizado por Salma Hayek, con maravillosas canciones de Chavela Vargas y Lila Downs.
En fin, voy a disfrutar de todo ello y me despido hasta mañana con un ¡¡¡Viva la Vida, Viva la Frida!!!

Mi amiga Sandra


Hoy es el 34 cumpleaños de Sandra. Sandra es mi mejor amiga. Físicamente es alta, castaña-pelirroja, de tez clara, hermosos y transparentes ojos azules, generosos pechos y caderas, delicadas manos y pies... una dulzura. Intelectualmente, es un dechado de inteligencia: la persona con quien más me gusta conversar y una de quienes más aprendo. Amigalmente, es una compañera fabulosa: respetuosa, amante, leal... una maravilla. Tengo gran suerte al llamarle amiga: es un verdadero honor y placer.
Sandra es mi cómplice perfecta, mi alter ego, mi amor femenino. Me ayuda, con ternura y sin miedos, a que perciba mis errores (ha sido la única persona capaz de
bajarme de mis cuelgues metafísicos). Cuando David o mi familia no han sabido a qué atenerse conmigo han recurrido a ella... (es algo así como mi supernanny, :DDD). Me quiere muchísimo, lo sé, y cree muchísimo en mí, incluso cuando yo no creo en mí misma. Es mi enfermera particular, la única persona adulta con quien me río a carcajada limpia y pura de niña, alguien con quien comparto un mundo de risas y rosas, de fe y de amor, de sueños e ilusiones. Es también la única persona que baila como yo, leemos la música con el mismo código. Por eso adoro salir y bailar con ella. Así es Sandra: conmovedora, tenaz, defensora de lo auténtico, valerosa, compasiva, derramando amor por los poros, una verdadera guerrera espiritual del hoy. La amiga que todo el mundo desearía tener.
En realidad, Sandra y yo somos la misma persona desdoblada, por eso es que nos compenetramos tan bien. El ejemplo de la otra nos sirve para desarrollar aquellas cualidades propias que aún no han sido eclosionadas o exploradas en todas sus posibilidades. Una cita con Sandra suele convertirse en horas y horas de confesiones, risas, llantos e innumerables copas de vino. Nos amanece en cada encuentro.
Así que éste es mi regalo para ella: mi amistad clara y sencilla, de piedra de río; mi admiración y mi respeto, mi entrega; y mi lealtad absoluta, para siempre. Te amo!!!

Lunes de amistad

Ha amanecido de lluvia. Digo ha amanecido porque me levanto muy pronto. Ducha, automasaje con aceites esenciales, zumo, complementos alimenticios y coche para Sant Adrià.
Cada vez me gusta menos Sanaka y me gusta más Premià (de Dalt, de Mar no me gusta: hay partes que son como Llefià).
Es tranquilo, no se oyen ruidos, sino los pajaritos, apenas hay coches, hay muchísimos parques, flores, el bosque a cinco minutos de casa, se respira aire puro, se transpira serenidad... las personas viven a otro ritmo: nadie corre, nadie se mete con nadie...
Ser anónima es algo que también me gusta. En Sant Adrià me conoce demasiada gente y eso es positivo y también negativo. Las personas no nos conocemos realmente sino que conjeturamos acerca de cómo es alguien por acciones que cometió hacia nosotros o hacia algún conocido en algún momento de nuestra/su existencia.
Vamos, que yo conozco a cientos de personas (sí, cientos) y me atrevo a decir que realmente saben quién soy (tiene una idea cercana a la que yo tengo de mí misma) mi madre, David, y Sandra... y mis hermanos, pese a que últimamente me siento muy lejana, sobre todo de Iván: siento que somos perfectos desconocidos mutuos, aunque siendo hermanos eso tiene arreglo, espero.
El resto de personas con quienes me relaciono conoce alguna de mis facetas pero realmente no sabe quién soy en toda mi extensión. Desconocen mis ansias, mis inquietudes, mis deseos, mis demonios, mi excelencia, mis lecturas, mis miedos, mis interrogantes, mi esperanza, mis muertes cotidianas... esas pequeñas cosas que me definen y me integran...
No es malo... no podemos darnos totalmente a todos... eso es algo que aprendí hace años. Me costó y dolió admitirlo, lo confieso, pero concluí que era cierto, necesario incluso.
¿Cuántos de vuestros amigos os conocen, os conocen de verdad? Seguramente os sobran dedos de la mano.
A veces pienso que el día que la sociedad sea lo que verdaderamente es -personas que se relacionan de forma creativa y con amor: la capacidad de ver en el otro quién es en realidad- tendremos muchísimos verdaderos amigos y no nos importará la aparente vulnerabilidad que supone abrirse el corazón ante otro y confesarle lo más intimo de tu ser. Porque sabremos que que en esa apertura, en esa honestidad, en esa sinceridad, reside nuestra gloria y el verdadero lazo de la amistad. En fin... que sigamos juntos por muchísimos años, múltiples vidas e infinitud de eones.

Diálogo entre mi ego (en forma sana) y mi SER

Ego:
¿Cuán apegada estoy a mi cuerpo, a su salud, a su belleza, a su bienestar? ¿Cuán apegada a mi filosofía? ¿Cuán apegada al mundo natural, a los seres y a la propia Vida? ¿Significa ello que no saldré de la rueda del samsara?
SER:
Estás apegada a tu cuerpo porque te dotaste de una materia hermosa, ágil, fuerte y bella para esta encarnación: creas armonía con tu materia.
Estás apegada a tu filosofía pues ella te permite conocer quién eres y si te molesta la haces callar.
Y estás apegada al mundo natural, a los seres y a la Vida porque ves su Belleza, su Bondad y su Verdad.
Estás apegada a todo ello porque quieres estarlo y si no lo quisieras no lo estarías.
Cuando no quieres estarlo te desapegas, te diluyes en tu ser y eres uno con tu cuerpo, tu mente, el mundo natural , los seres y la propia Vida.
Meditas y ves quién eres.
Pero has elegido estar aquí y ayudar a todos a verlo y a sentirlo, así que ahora no puedes desentenderte y volver a tu torre de cristal donde eres Dios eternamente.
Ahora estás aquí y has de dar tu amor, tu comprensión, tu profunda entrega a los seres sintientes que sufren (familia, pareja, amigos).
Ahora estás aquí y lo sabes... ¿qué más puedes desear?
Ama. Ama. Y ensancha el alma.

Más reflexiones

Es la propia energía del sufrimiento la que nos libera del sufrimiento.

¿Qué son las cosas en sí mismas? ¿Qué es realmente una montaña? ¿La percepción que yo tengo de ella? ¿La que tienes tú o tú? ¿Qué piensa de sí misma la montaña? ¿Qué siente? ¿Cómo se percibe? Si te conviertes en montaña -pues eres montaña, río, árbol, puente...- sabrás cuál es la naturaleza de la montaña: la misma que la tuya pues sois Uno.

Sé lo más sabio que puedas con tu mente. Eso hace valiosa la vida.

Enviar amor a todos los seres sintientes es el vehículo más rápido para alcanzar la felicidad suprema, el gozo infinito.

En meditación creo las causa y consecuencias para conocer y percibir la verdadera naturaleza de la mente y me entrego compasivamente a todos los seres sintientes, liberándolos de su sufrimiento y ayudándoles a conocer la felicidad.

Si yo soy Buda, todos somos Buda.

Reflexiones tras la meditación

Gozar de la bienaventuranza de una vida humana es un hermoso y extraño privilegio. Por ello es importante saber ¿qué voy a hacer con este maravilloso regalo?, ¿qué voy a hacer de mi vida? Cuando me hago esta pregunta, la respuesta es una, mas las posibilidades -cargadas de apegos, aversiones, sueños propios y ajenos, deseos inconfesables…, hijos de ese ego que cree ser único y especial, de ese ego que cree ser yo- son innumerables.
Así que le sigo preguntando a mi mente ¿he de abandonar cuanto conozco y amo -vacuidad al fin y al cabo, apegos vanos que no dan sentido a mi vida- y lanzarme al Inmenso Vacío de la Posibilidad Infinita o he de mantenerme ecológica, en mi nicho natural, con pareja, hermanos, madre, padre en donde esté, amigos, alumnos, maestros, compañeros al fin y al cabo de este devenir que es mi encarnación actual: … El verdadero Inmenso Vacío de Posibilidad Infinita?
Si las cosas deben hacerse con el abandono propio de la no acción que no deja nada por hacer, la respuesta es continuar con mi vida, siempre enriqueciéndome, siempre enriqueciendo y amar a los cercanos, sentir por ellos compasión, que es la manera de sentir verdadera compasión por los lejanos. Y crecer y practicar y ser disciplinada y obtener la justa recompensa por mi trabajo.
Sí, me quedaré en casa, en mí, y cuando abra los ojos llenaré -lleno- el espacio inmanente con David, mi familia, mis amigos, la sangha y la maravillosa vida que experimento y vivencio.

Viajamos eones tras eones tras eones durante incontables vidas y siempre nos hallamos en el Eterno Presente. Tal vez porque en las anteriores no supimos saborearlo, disponemos de esta nueva encarnación para despertar a Quien Realmente Somos.

Cuando desaparece la imputación, cuando se desvanece el error de discriminar entre sujeto y objeto, cuando ambos son lo mismo y trascendemos, descubrimos nuestra inmensa capacidad, nuestra Infinita Presencia, Eterna, Actualizada, Vacía de Todo, Transparente y por tanto y al mismo tiempo Plena de Todos los Seres, de todos los objetos, de todas las estrellas, universos y eones. Recipiente Vacío de cuanto abarcamos, de la inmensa infinitud del Cosmos, Gran Espíritu Ilimitado.

La constancia en la práctica meditativa es la única garantía de experimentar la Vacuidad y la No Dualidad en la cotidianeidad de nuestras vidas. La prolongación de la experiencia sólo se consigue con más experiencia.

En tu interior habita tu luz, tu centro, tu eje, la gota del sublime néctar del Amor, la Compasión y la Sabiduría. ¡Míralo! ¡Siéntelo! ¡Bébelo! ¡Imprégnate de él hasta la médula! ¡Sé ello! ¡Conviértete! ¡Abandona tus límites, tus cárceles mentales, tus trampas egoicas! ¡Sé luz, sé amor, sé compasión y sé sabiduría! Entonces sabrás que Dios, que Buda, que tú, habitas entre nosotros. Conocerás que eres el Eterno Devenir, la Eterna Creación, el eterno Presente, absolutamente Todo cuanto existe, Todo cuando Es, porque eres Todo, porque no hay fuera ni dentro: sólo hay Ahora, Ya, Presente… ¡¡Ser!!